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viernes, 4 de mayo de 2012

El cabo del terror




Valoración personal: 9/10.

Ficha técnica:

Título: El cabo del terror

Título original: Cape Fear

Año: 1962

Duración: 106 min.

País: Estados Unidos

Director: J. Lee Thompson

Guión: James R. Webb (Novela: John D. MacDonald)

Música: Bernard Herrmann

Fotografía: Sam Leavitt

Reparto: Gregory Peck, Robert Mitchum, Polly Bergen, Lori Martin, Martin Balsam, Jack Kruschen, Telly Savalas, Barrie Chase, Edward Platt, Will Wright, Page Slattery

Productora: Universal Pictures

Género: Thriller. Terror. Drama. / Crimen. Drama sureño. Asesinos en serie.

¿De qué va?:

Sam Bowden (Gregory Peck) es un abogado que testificó en un juicio en contra de Max Cady (Robert Mitchum), lo cual hizo posible que éste último fuese encerrado en prisión. Ocho años después, Cady sale de la cárcel, y su único objetivo en la vida parece ser vengarse del abogado que le encerró, a quien ve como el principal culpable de que haya perdido ocho largos años de su preciada vida en la trena. Para ello, se dedicará a seguir a todas partes al bueno de Bowden, lo que supone una amenaza constante para el abogado y, peor aún, para su esposa y su hija adolescente. El problema es que Cady se las arregla para que no le puedan inculpar de nada, lo que a Bowden le provocará más de un quebradero de cabeza.



Comentario:

J. Lee Thompson dirigió esta cinta, la cual adaptaba una novela de John D. MacDonald titulada "The Executioners".

Las dos estrellas absolutas de la función son Gregory Peck y Robert Mitchum. Como suele ser habitual, sobre todo en el caso del primero, ambos están que se salen en sus respectivos papeles. Gregory Peck actúa con total naturalidad asumiendo el rol de Sam Bowden, un abogado aparentemente tranquilo, educado, trabajador, buen padre de familia... en pocas palabras: un ciudadano ejemplar. Robert Mitchum encarna a Max Cady, un personaje que se nos presenta como un granuja maleducado que atormenta a Bowden y a su familia por medio de sutiles amenazas y con su sola presencia, siguiéndoles a todas partes.

Lo que más me gustó del film, aparte de las sobresalientes actuaciones de estos dos actores, es la forma en que tanto el entorno como los dos personajes principales van evolucionando a lo largo de la historia. Al principio, la trama se desarrolla en una localidad costera, en plena civilización. Al final, el escenario será una zona pantanosa, alejada de la sociedad. Concretamente, en un río rodeado por una frondosa jungla, en donde se darán cita los instintos más básicos del ser humano. A medida que el entorno cambia, los personajes también. O, mejor dicho, los personajes cambian y el entorno se adapta a ellos. A cada minuto que pasa, ambos, sobre todo Bowden, se van haciendo más salvajes, impulsivos y violentos en sus actos.

Como decía antes, Bowden comienza siendo un padre de familia tranquilo, educado y, sobre todo, civilizado. En un principio, el espectador simpatiza más con este personaje que con el rudo maleante. Pero, debido a la presión que la sola presencia de Cady ejerce sobre él, como si Cady fuera un fantasma del pasado que atormenta a Bowden, el abogado poco a poco irá perdiendo la paciencia, irritándose cada vez más, hasta el punto de que llegará a realizar actos de dudosa moral que le desprestigiarán de cara a otros compañeros de oficio. Sus mayores temores le llevarán a actuar como una bestia, sin pensar, dejándose llevar por la desesperación.

Por otro lado, la presencia de Cady es realmente perturbadora. En un principio le vemos como el típico matón de bar, de esos que rondan los bajos fondos de toda ciudad. Parece no ser muy listo; pero no, lo es, y mucho. Aunque no lo parezca, en todo momento actúa con suma cautela, de tal forma que las leyes que le condenaron en el pasado le protejan en el presente contra su víctima. Como se suele decir, Cady es un zorro más astuto de lo que parece. Se las sabe todas.

El hecho de que este individuo sea capaz de cometer crímenes abominables hace que su sola presencia resulte cada vez más inquietante. Y, para más inri, todos esos crímenes se nos sugieren, lo cual es todo un acierto, ya que, de esta forma, cada espectador se forma una imagen mental del antagonista de la historia y de sus actos distinta a la de otros espectadores. Lo que está claro es que Cady es de esos criminales con los que nos podemos cruzar todos los días por la calle y, por supuesto, sin que nos demos cuenta de que son criminales, ya que no son ningún tipo de criaturas fantásticas de las que se ven a kilómetros. Son otro tipo de monstruos. Más reales. Monstruos que, desgraciadamente, pueblan nuestra sociedad. Sólo hay que ver la escena inicial, en la que vemos a Cady caminando como si nada a través de una zona llena de ancianitas, niños y demás gente, ignorantes de que un criminal anda entre ellos.

A la conseguida ambientación, con algunas escenas propias del género de terror, y a la oportuna utilización del blanco y negro, con tintes de cine noir, se le suma la banda sonora de Bernard Herrmann, compositor habitual de Alfred Hitchcock, quien aquí nos ofrece un tema que a mí, personalmente, me encanta. Es perfecto como acompañamiento a una historia que trata sobre la venganza, más si ese sentimiento de venganza proviene del villano de la función. Podéis escuchar el magnífico tema principal pinchando justo aquí.

En fin, este largometraje de J. Lee Thompson es, para muchos, el mejor de su filmografía. No me he visto todas las películas que este director ha dirigido, así que tampoco puedo opinar mucho al respecto. Eso sí, lo que está claro es que "El cabo del terror" es un auténtico peliculón de principios de los 60.

Muchos han considerado a esta película un claro antecedente de los justicieros que saldrían en posteriores películas, a partir de los años 70; películas de entre las cuales J. Lee Thompson dirigió algunas, con Charles Bronson como actor principal. Al fin y al cabo, tenemos a una persona que, al no sentirse protegida por la ley, decide tomarse la justicia por su mano.

Como todos sabréis, en 1991, el director Martin Scorsese realizó un remake de la presente película, el cual, aparte de ser muy bueno, era bastante fiel al film original. Claro que entre ambos hay varias diferencias, pero no es mi intención ponerme ahora a enumerarlas. Eso me lo reservo para cuando hable del remake en su debido momento. Lo que sí que puedo decir es que prefiero el film de 1962. Si os habéis visto el remake de Scorsese y no la cinta original de Thompson, ya sabéis qué hacer.

Imágenes:




















3 comentarios:

Dr. Gonzo dijo...

aún gustándome bastante, me tengo que quedar con el peliculón que hizo Scorsese, que visualmente resulta mucho más espectacular y hasta onírico.
Otro factor que hace que la de Scorsese me guste más es que la vi primero, y esta otra años después, por lo que no me impactó tanto.
Pero bueno, gran película igualmente.

Raül Calvo dijo...

Pues yo prefiero esta, ya que aunque visualmente la película de Scorsese es más espectacular, también es más tópica en cuanto a la construcción de los personajes. Es más interesante ver como una persona intachable y recta como Gregory Peck acaba perdiendo los papeles, que el personaje de Nick Nolte, cuyas acciones no resultan chocantes al presentarlo como una figura corrupta desde el principio.

Ángela dijo...

Aún reconociendo que Robert de Niro actúa maravillosamente en la versión moderna, sinceramente la antigua me encantó. Pero no es ningún misterio, casi siempre me gustan más las versiones viejas.