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domingo, 3 de junio de 2012

Drácula, Príncipe de las tinieblas




Valoración personal: 9/10.

Ficha técnica:

Título: Drácula, Príncipe de las tinieblas

Título original: Dracula, Prince of Darkness

Año: 1966

Duración: 90 min.

País: Reino Unido

Director: Terence Fisher

Guión: John Sansom

Música: James Bernard

Fotografía: Michael Reed

Reparto: Christopher Lee, Barbara Shelley, Andrew Keir, Francis Matthews, Suzan Farmer, Charles Tingwell, Thorley Walters, Philip Latham, Walter Brown, George Woodbridge, Jack Lambert, Philip Ray

Productora: Hammer Films

Género: Terror. / Vampiros. Drácula.

¿De qué va?:

Dos hermanos, en compañía de sus respectivas mujeres, se hallan de viaje por Centroeuropa, y llegan al pueblo de Carlsbad, un lugar en donde sus habitantes son muy supersticiosos y parecen evitar hablar de cualquier cosa relacionada con un castillo situado en la cima de una montaña cercana. A pesar de ser advertidos por el padre Sandor (Andrew Keir) de que abandonen el lugar y se marchen de allí lo antes posible, el cuarteto hace caso omiso a dicha advertencia y se van de excursión a la montaña. Al anochecer, el cochero que conducía el carruaje en el que viajaban, presa del miedo, deja al grupo tirado cerca del castillo, y estos encaminan sus pasos hacia el interior de la fortaleza, en donde son atentidos por Klove (Philip Latham), antiguo mayordomo del conde Drácula (Christopher Lee). Lo que no saben es que ese educado mayordomo pretende revivir a su antiguo amo y señor sirviéndose de la sangre de uno de ellos...



Comentario:

"Drácula" (1958, Terence Fisher) tuvo una continuación protagonizada por Peter Cushing como Van Helsing, la cual se tituló, engañosamente, "Las novias de Drácula" (1960, Terence Fisher). Y digo engañosamente porque en ella no salía Drácula. Durante finales de los años 50 y principios de los 60, Christopher Lee se negaba a volver a ponerse la capa del conde transilvano; pero, años después, en 1966, y tras una tercera incursión sobre vampiros por parte de la Hammer con "El beso del vampiro" (1963, Don Sharp), el señor Lee acabó cediendo a las peticiones por parte de los productores de la compañía.

Al contar con la presencia del rey de los vampiros, "Drácula, Príncipe de las tinieblas" es, oficialmente, la segunda parte de "Drácula". La forma en que se inicia la historia, con una introducción en la que vemos el enfrentamiento final entre Drácula y Van Helsing acontecido al final del primer film, se encargará de dejarnos bien claro que esta película es su secuela directa.

Al igual que "Drácula" y "Las novias de Drácula", la cinta estuvo dirigida por Terence Fisher. A estas alturas, sobra decir que este hombre no sólo era el mejor director de la compañía, sino también uno de los mejores cineastas británicos del siglo XX.

La historia es simple, sencilla y parte de un concepto bastante tópico: el de un grupo de gente que se encuentra a mitad de viaje y, al no haber cerca una posada en la que poder alojarse, pasan la noche en un castillo o en una casa encantada, en donde serán presa de las fuerzas oscuras o paranormales que habitan el lugar en el que han decidido resguardarse.

Sin embargo, aunque la historia se sustente sobre un tópico así, resulta ser bastante interesante. Está muy bien planteada y estructurada. La ambientación, los travellings a lo largo de las estancias del castillo y el uso de una particular gama cromática hacen posible que se cree una atmósfera de tensión efectiva, por lo que la sensación que se quería transmitir al espectador, la sensación de que el espíritu de Drácula está bien presente aunque no veamos al personaje, se consigue.

Esas escenas en las que se siente la presencia de Drácula, aunque sepamos que está muerto, debieron de dar bastante miedo a los espectadores de aquella época. Por supuesto, la esplendorosa, atmosférica y, sobre todo, oportuna banda sonora a cargo de James Bernard también tiene mucho que ver.

El film cuenta con unas escenas bastante transgresoras para la época, muy poco habituales dada la censura británica que imperaba de aquella. En una de ellas, vemos como Klove, el perturbador y enigmático mayordomo del conde, atrae al sótano del castillo a uno de los invitados. El invitado en cuestión es degollado por el mayordomo, a continuación es atado por los tobillos a una cuerda y, finalmente, es colgado de cabeza sobre una especie de féretro de piedra en el que se encuentran las cenizas de Drácula. En cuanto las cenizas entran en contacto con la sangre de la víctima, el conde vuelve a la vida. La escena de su resurrección es, simplemente, impresionante y estremecedora.

Hay más escenas que en su día dieron bastante de qué hablar, como aquella otra en la que el conde se raja el pecho con una uña para que una joven se beba su sangre y se convierta en vampiresa. Esto último era algo que salía en la novela original de Bram Stoker.

Así mismo, en "Drácula, Príncipe de las tinieblas" se rescatan otros conceptos y personajes de la novela original que no aparecieron en la primera parte, como, por ejemplo, el personaje de Renfield, quien aquí es llamado Ludwig y está interpretado por un excéntrico Thorley Walters.

Otro personaje a destacar es aquel al que interpreta la actriz hammeriana Barbara Shelley. Al principio de la historia, se nos muestra como una mujer extremadamente puritana y recatada, con su chaqueta abrochada hasta el último botón y con su larga y castaña cabellera recogida en un escueto moño. Es tras el momento en el que Drácula la envuelve con su capa para morderla en el cuello, envueltos en la más absoluta oscuridad, cuando este personaje se convierte en vampiresa y su estética cambia por completo. De una mujer recatada pasa a ser una fémina que es pura lujuria, pura provocación, luciendo un camisón semitransparente y un escote pronunciado. Sin duda, su actuación serviría de base de cara a futuras producciones con lujuriosas vampiresas de por medio.

La actuación de Christopher Lee como el príncipe de las tinieblas es asombrosa. Aquí se nos presenta como una verdadera criatura de la noche, salvaje y letal, que no habla, tan sólo actúa; actúa, como el príncipe de las tinieblas que es. El rey del mal. Su imponente presencia, su porte aristocrático y demás rasgos que le caracterizan, como su sangrienta y diabólica mirada, son tremendamente hipnóticos y están cargados de un magnetismo único e inimitable.

Se dice que el motivo por el que Drácula no pronuncia ni una sola palabra es porque Jimmy Sangster, el guionista de la cinta, escribió unas líneas de diálogo que el señor Lee se negó a pronunciar porque le parecían ridículas. Por esta razón Sangster, frustrado al eliminarlas, firmó bajo el pseudónimo de John Sansom. Por el contrario, Sangster afirmaba que el personaje carecía de diálogo desde un principio, ya que él y Fisher tenían la intención de magnificar la figura del conde como un ser que es todo presencia, poco dado a las palabras. Hoy en día, aún no se sabe a ciencia cierta cuál de las dos versiónes es más verídica. El caso es que los resultados finales son, como poco, magníficos.

El final es muy propio de la Hammer. Pasa lo que tiene que pasar, y, ni cinco segundos de metraje después, ya salen los créditos de cierre. Estas cosas sólo pasaban en las pelis de la casa del martillo. Me encantan esos finales. ¿Para qué alargar más la trama, aunque sea tan sólo medio minuto más, si ya hemos visto lo mejor?

En conclusión, "Drácula, Príncipe de las tinieblas" es una secuela más que digna de "Drácula". No cuenta con Peter Cushing en el reparto (a quien, en algunos momentos, se le echa de menos como el mejor cazavampiros de la historia), la historia no es el colmo de la originalidad, quizás tarda demasiado en arrancar y la primera aparición de Drácula se hace de rogar; pero, ¡ya quisieran muchas segundas partes ser así de buenas!

A esta segunda parte le siguió una tercera, titulada "Drácula vuelve de la tumba" (1968, Freddie Francis).

Imágenes:


























1 comentario:

Raül Calvo dijo...

Al final estas también las confundo todas. No quiere decir que no me gustara, me gustó, pero ahora no recuerdo si es esta la de que Drácula idea un plan que es una especie de suicido inconsciente porque desa morir o es una de las siguientes.