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martes, 28 de febrero de 2012

El experimento del Dr. Quatermass




Seguro que muchos de los que seguís este blog conocéis a la Hammer films, esa maravillosa productora británica que, a partir de los años 50, ofreció verdaderas joyas del cine de terror, y la cual contó con grandes directores (como Terence Fisher) y actores (Peter Cushing y Christopher Lee, entre otros). Hoy hablaré de su primer éxito dentro del género de terror. Con "El experimento del Dr. Quatermass", la Hammer comenzó a ganar fama a nivel internacional.

A mediados de los años 50 estaba claro que, dentro del cine fantástico, lo que triunfaba era la ciencia ficción, siendo los Estados Unidos de América los que más producían este tipo de películas. Pero los del otro lado del charco tampoco se quedaron atrás y, aunque en menor medida, Reino Unido también ofreció sus producciones, como por ejemplo el serial televisivo "The Quatermass Experiment", de 1953, el cual estaba formado por seis capítulos de treinta minutos cada uno. Esta serie fue de las primeras de sci-fi emitidas en ese, por entonces, nuevo invento que era la TV, y tuvo un éxito sin igual en suelo inglés.

La Hammer, maravillada con esta serie y con su continuación, titulada "Quatermass 2", la cual se emitió dos años después, en 1955, decidió adaptar el primer serial en formato cinematográfico, en una sola película de una hora y media de duración y, además, hacer que ésta triunfara no sólo en su país de origen, sino también a nivel internacional... ¡Y vaya que lo consiguieron!


Ficha técnica:

Título: El experimento del Dr. Quatermass

Título original: The Quatermass Xperiment

Año: 1955

Duración: 82 min.

País: Reino Unido

Director: Val Guest

Guión: Richard H. Landau & Val Guest

Música: James Bernard

Fotografía: Walter J. Harvey (B&W)

Reparto: Brian Donlevy, Jack Warner, Margia Dean, Richard Wordsworth, David King Wood, Thora Hird, Gordon Jackson, Harold Lang, Lionel Jeffries, Maurice Kaufmann

Productora: Hammer Films

Género: Ciencia ficción. Terror. / Extraterrestres.


La historia comienza en una granja de las afueras de Londres. En ella cae un cohete espacial, el cual resulta pertenecer al gobierno inglés. Poco tiempo después la zona se llena de cuerpos policiales, bomberos y, por supuesto, de curiosos. Entre las autoridades allí presentes está el doctor Quatermass (Brian Donlevy), uno de los cabecillas detrás del lanzamiento del cohete, quien se muestra realmente preocupado por el fracaso del experimento. Finalmente, y tras abrir la escotilla del vehículo, ven que en su interior tan sólo persiste con vida uno de los tres tripulantes. Del resto tan sólo quedan sus ropas... El superviviente, de nombre Victor Carroon (Richard Wordsworth), no es capaz ni de vocalizar una palabra, pues se halla como en un estado de shock. Sometido a análisis médicos, pronto se descubre que algo raro pasa con él; concretamente, con su fisiología. La mujer de Victor no soporta que su amado esté ingresado en un hospital, ni tampoco que las autoridades sospechen de él como principal artífice de las desapariciones de sus otros dos compañeros en el cohete, así que decide liberarle. Lo que ésta no sabe es que, más que liberar a su querido, liberará a un monstruo de naturaleza indescriptible...


Situémonos: en el año en el que se estrenó esta película, en 1955, aún quedaba poco más de una década para que el hombre pisara la Luna, así que los viajes espaciales eran algo extraño y, todavía, lejano. Por entonces se pensaba que en el espacio exterior podía suceder cualquier cosa. Cómics como "Los 4 Fantásticos" son un buen ejemplo de ello ya que, en él, los protagonistas obtenían sus poderes a raíz de unos rayos cósmicos superpoderosos que se decía que había cerca de la atmósfera terrestre. Pues bien, en "El experimento del Dr. Quatermass" ocurre algo similar, con la diferencia de que lo que penetra en la nave es... algo; un ser vivo extraño, que parece hospedarse en uno de los tripulantes del cohete.

Desde el momento en el que comienza el film, el espectador comienza a preguntarse cosas: "¿por qué el cohete se ha estrellado allí?" "¿Lo tripularía un ser de Marte?" Este último pensamiento incluso lo vemos reflejado en el señor que vive cerca del lugar del accidente, que acude hacia el cohete, hacia el campo de paja en donde retozaban su hija y su novio, con escopeta en mano, como esperando encontrarse con un alienígena de esos que salían en las películas americanas de la época, un marcianito con forma humana, cabeza grande y piel verde y, sobre todo, con la intención de conquistar el planeta y exterminar a la raza humana. Curiosamente, aquí el alienígena no responde a dicha apariencia (pero sí a ese comportamiento). El alienígena no cuenta ni siquiera con una forma corpórea definida, ya que parece ser una forma de vida incorpórea cuya naturaleza se basa en hospedarse en otros seres vivos e ir asimilando, sucesivamente, otras formas de vida, de las que se alimenta hasta estar preparado para la reproducción.

Val Guest, junto con el guionista Richard H. Landau, escribió un guión bastante intrigante, en el que al poco de solucionarse una cuestión se presentaba otra incluso mayor, y en el que las sorpresas se sucedían hasta el último minuto. De hecho, hasta bien avanzado el metraje, no sabemos nada de lo que está pasando con claridad; tan sólo lo intuímos y lo sospechamos. A las cuestiones anteriormente planteadas se suman otras como el porqué Victor es el único superviviente, el porqué actúa así, o en qué acabará mutando su brazo. Tan pronto vemos su brazo mutado, su cuerpo continúa mutando. Lo dicho, una respuesta se sustituye, inmediatamente, por otra incógnita. Esto hace que el espectador mantenga el interés en la película hasta el final y que, a pesar de su lento y algo pesado inicio (realmente el film engancha hacia la mitad), no se despegue de la pantalla.


En cuanto a los personajes cabe destacar, por encima de todos, al protagonista, el doctor Bernard Quatermass, que aquí, a diferencia del serial televisivo, está encarnado por un soberbio Brian Donlevy. Antes de ver el film, si uno presta atención al título original, "The Quatermass Xperiment", es inevitable preguntarse qué demonios es Quatermass. ¿Un planeta, un alienígena...? El caso es que la traducción española que se le dió al título responde a esa pregunta. A diferencia de los modélicos protagonistas de los films americanos, Quatermass se nos presenta como un científico arrogante, orgulloso, presuntuoso, autoritario e incapaz de aceptar un no por respuesta. Quatermass, por momentos, parece actuar como si su comportamiento fuese el único correcto, sin importar las consecuencias. Odia que le contradigan, ya que eso es algo que daña su orgullo. Las vidas humanas le importan bien poco, para él la ciencia es algo muchísimo más importante. Esto último es algo que vemos con claridad desde el principio, cuando les pide a los bomberos que abran la escotilla de la nave, aún sabiendo que haciendo eso el interior del cohete se incendiaría al instante con la más mínima ráfaga de aire.

En resumidas cuentas, tenemos a un protagonista que es un auténtico y genuino cabrón. Y eso, el tener como protagonista a un tipo tan despreciable (a pesar de su estatus social), teniendo en cuenta que estamos ante un film de mediados de los 50, en donde los protagonistas solían ser héroes, ejemplos de conducta a seguir, no sólo es algo innovador, sino también algo interesante, que mola, mucho.


Más divertido es ver los encontronazos entre Quatermass y el jefe de policía, el sargento Rosie (Sam Kydd), hombre católico que no sabe nada de ciencia, y que no se corta ni un pelo a la hora de contestar al irascible doctor. Sin duda, es un cachondo mental.

Por otra parte, tenemos a la sufrida esposa del único tripulante que ha sobrevivido, la señora Judith Carroon (Margia Dean), la cual es una completa imbécil. Vale, un apunte; en esa época no era nada raro mostrar en las películas a las mujeres como personas frágiles y sufridoras en contraposición con los firmes, fuertes, valientes y decididos hombres, pero aquí el componente femenino, o sea, Judith Carroon, se nos presenta como un personaje estúpido, que comete la mayor estupidez de todas: sacar a su esposo del hospital. ¿A dónde pretendía llevarle en ese estado? ¿Acaso ella es experta en curar enfermedades contraídas en el espacio exterior? En fin, un personaje estúpido e insoportable al que dejaremos de ver pasada la mitad de metraje, gracias a Dios... Si hiciera una lista de mujeres florero del cine, incluiría a este personaje, sin duda.


Pero si hay un personaje que a mí, personalmente, me gustó más que el propio Quatermass, ese es Victor Carroon, el humano poseído por ese "algo" del espacio, sea ese "algo" un alien (que es lo que tiendo a pensar), un virus, o a saber qué... La interpretación por parte de Wordsworth es espléndida, haciendo que nos creamos que está enfermo, como poseído por algo. Esto último lo vemos claramente en todo momento, desde su estado inicial, totalmente paralizado y con la mirada perdida, pasando por el momento en el que huye por las calles de Londres desplazándose torpemente, como debilitado, y con una mirada que ha pasado a ser la de una criatura en continuo sufrimiento; sufrimiento que se verá aplacado cuando se alimente de seres vivos, y no sólo de hombres, sino también de leones, cervatillos, pulpos o, incluso, plantas que irá asimilando hasta convertirse en... en una especie de cosa, similar a la Cosa del film de Carpenter de 1982.

Ahora que acabo de comparar a la cosa de este film con el ser alienígena sin forma concreta que salía en la citada película de Carpenter, considero oportuno el compararla con otro gran monstruo del cine de terror: la criatura de Frankenstein. Y no, no sólo porque el nombre de este personaje sea Victor, como el científico que da vida al monstruo en la novela de W. Shelley (que no en el film), sino también por esa mirada suya, esa forma que tiene de huir, tan similar a la actuación de Boris Karloff en "El Doctor Frankenstein". De hecho, la escena de Victor con la niña a orillas de un río es, claramente, deudora de la escena del pantano y las flores del mencionado film de Whale. Aunque, claro está, no es tan efectiva ni poética.

De hecho, esa escena con la niña queda un tanto fuera de lugar, más si luego vemos como el monstruo, que a cada minuto que pasa consume más y más a su portador humano, entra en un zoo y mata a medio zoológico en una sola noche. La verdad es que, si me quedo con una escena, es con esta, pues cuenta con unos elementos bien propios del cine de terror, que me hicieron recordar aquellos films de Val Lewton de los años 40 en los que, más que mostrar, se sugería. Aquí vemos como el terror se refleja en los ojos de los preocupados animales, quienes se agazapan cada vez más según Victor avanza hacia ellos. Un avance que no vemos en ningún momento, pero que nos imaginamos perfectamente.


Hablando del género de terror, me parece curioso que la película comience con elementos más propios del cine de ciencia ficción (nave estrellada cerca de una granja de las afueras, los promotores del vuelo investigando en qué pudo fallar, la policía movilizándose...), y que termine con elementos más propios del cine de terror. Tan sólo hay que ver el escenario final, una antigua abadía que evoca a esas películas de terror gótico de la Universal, en donde se enfrentarán al ser venido del espacio, un ser que más que evocar a aquellos marcianos de las películas norteamericanas, evoca a un monstruo salido de la mente de H. P. Lovecraft. Me gustaría describirlo detenidamente, y también hablar de cómo su artesanal diseño no ha envejecido en absoluto mal con el paso del tiempo, pero creo que es mejor que os veáis la película y, así, no os estropeo la sorpresa final. Como ya dije, las sorpresas se sucederán hasta el último minuto. De hecho, es precisamente ese último minuto el que más me hizo reflexionar ante lo que había visto, invitándome a un segundo o, incluso, tercer visionado (cosa que hice a los pocos días, disfrutando aún más el film).


Ahora que, claro, como suelo decir: hay que tener en cuenta que estamos ante una película de los años 50 del siglo XX, y que ese elemento terrorífico, de impactar al espectador, se ha ido perdiendo con el paso de las décadas (como suelo decir, los noticiarios y los films llenos de sangre y vísceras se han encargado de ello, de insensibilizarnos). Pero, aún así, vista a día de hoy no resulta difícil comprender el terror que sintieron de aquella millones de espectadores por todo el mundo. Y es que, al fin y al cabo, el monstruo no deja de ser un humano, el portador de una terrible "enfermedad" que muta a su desdichado e involuntario anfitrión, por así decirlo.

Curiosamente, el film fue calificado de X porque contaba con escenas muy terroríficas (hoy en día leer algo así resulta irrisorio, tan irrisorio como el tío que salía al principio de "El Doctor Frankenstein" advirtiéndonos de que íbamos a ver algo muy "hard". En la actualidad, una película como esta sería para todos los públicos). La productora, aprovechando esa calificación, decidió llamar a la película "The Quatermass Xperiment", poniendo énfasis en la "X" del título, haciendo, de esta forma, que el público pusiera más interés en ir a verla al cine (y es que, como se vería a finales de los 60, el público, movido por el morbo inherente al ser humano, quería algo más a la hora de ir al cine. Si no, preferían quedarse en casa viendo la TV).


En conclusión, un film de sci-fi que brilla por su originalidad, a pesar de ser una adaptación de un serial televisivo emitido dos años antes de su estreno, que allanó el camino de cara a futuras producciones de la mítica casa del martillo (de la Hammer, para más señas). Val Guest era grande, y pronto lo volvería a demostrar en "El abominable hombre de las nieves", film del que hablaré próximamente. Futuros directores como John Carpenter o Ridley Scott estuvieron inspirados en esta producción (realizando algún que otro guiño en sus propias películas, tan sólo hay que ver la forma en que se reproducen los aliens, bastante similar a la del alienígena de este film, alojándose primero en un cuerpo humano). Tras el éxito de "El experimento del Dr. Quatermass", no tardó en llegar una secuela cinematográfica, en 1957, más divertida que la anterior, titulada "Quatermass 2", dirigida también por Val Guest. Una década después, en 1967, llegaría la tercera parte de la trilogía, dirigida por Roy Ward Baker y titulada "Quatermass and the Pit". Estad atentos a próximas actualizaciones, pues es posible (que no seguro) que hable de las dos restantes.

Valoración personal: 8/10.

2 comentarios:

Raül Calvo dijo...

Hay que decir que Nigel Kneale no quedó muy contento con las dos primeras adaptaciones de sus series y sólo quedó satisfecho con la tercera -la mejor- en la que pudo participar activamente. Además, este primer serial se hizo en directo, sin grabar nada, haciendo todos los trucajes en cámara en el mismo momento que se emitía, lo cual no deja de tener mérito.

Esta primera peli la vi de pequeño y me dio mucho miedo, además de quedarme fascinado con el hombre que se convertía en cosa. Un motivo repetido cientos de veces más tarde, algunas veces con poca fortuna -Viscosidad (The Incrdible Melting Man)-, otras de forma más acertada como en un memorable capítulo del doctor Who que dieron en la TV3 -la tele autonómica catalana- que me dejó también traumatizado de pequeño.

Hay que también destacar el hecho de que, al contrario que las producciones americanas en las cuales se castigaba a los que entraban "en territorio divino", aquí -como un maníaco- Quatermass repite "vamos a hacerlo otra vez".

Roy D. Mustang dijo...

Gracias por tu comentario, Raül. Como de costumbre, con tu comentario complementas de una forma brillante mi entrada.

Desconocía que se rodase el primer serial en directo. Madre mía, eso si que tiene mérito, y lo demás es tontería.

Ains, la serie clásica de Dr. Who... Me encanta, en especial los episodios protagonizados por Tom Baker. Yo la veía de crío, y comprendo perfectamente ese miedo que sentiste tú. Hoy en día, me parece puro entretenimiento, sin un ápice de miedo. Ahora que, claro, sigo acordándome de lo mal que lo pasaba viendo los bichejos que salían en ella. Otra serie que veía de crío y con la que me pasaba lo mismo era "V, los visitantes".

Un saludo y, repito, muchas gracias por tu comentario.