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sábado, 11 de febrero de 2012

El monstruo de tiempos remotos




Hay unas cuantas cosas con las que no discuto: una es "King Kong" y las otras son los Lego y Nintendo. Ya dejé bien claro en mi artículo sobre la obra maestra de Schoedsack lo importante que fue aquella película de principios de los años 30 para mí.

"King Kong" impactó a multitud de jóvenes de la época en la que se estrenó, entre ellos al gran Ray Harryhausen, genio entre genios que perfeccionó la mítica técnica del stop-motion hasta límites insospechados; técnica perfeccionada anteriormente por Willis O'Brien, quien es algo así como el Dios de los efectos especiales. Ray Harryhausen, maravillado tras ver "King Kong", decidió investigar sobre la forma en que se animó a las criaturas que en ella aparecían, convirtiéndose, con el tiempo, en el principal pupilo y ayudante de O'Brien, continuando, de esta forma, con su legado.

Su primera incursión cinematográfica fue en 1949, en donde colaboró activamente en "Mighty Joe Young", película que era algo así como una versión de "King Kong" dirigida a un público más infantil. Pero su verdadero salto al estrellato, tras realizar unos cortos, fue con "La bestia de tiempos remotos", en 1953. En ella, gracias a su buen hacer, dio vida a un dinosaurio que, al igual que el gorila gigante, llegaba a la ciudad de New York y comenzaba a arrasarlo todo a su paso.


Ficha técnica:

Título: El monstruo de tiempos remotos

Título original: The Beast from 20,000 Fathoms

Año: 1953

Duración: 80 min.

País: Estados Unidos

Director: Eugène Lourié

Guión: Fred Freiberger, Eugène Lourié, Lou Morheim, Robert Smith (Historia: Ray Bradbury)

Música: David Buttolph

Fotografía: John L. Russell (B&N)

Reparto: Paul Hubschmid, Paula Raymond, Cecil Kellaway, Kenneth Tobey, Donald Woods, Lee Van Cleef, Steve Brodie, Ross Elliott, Jack Pennick

Productora: Jack Dietz Productions

Género: Ciencia ficción. Terror. / Dinosaurios. Serie B.


La historia es sencilla: todo comienza en el Ártico, en donde unas pruebas nucleares descongelan a un dinosaurio prehistórico, un ejemplar de rhedosaurio. Dos investigadores científicos lo ven con sus propios ojos. Uno de los dos muere, y al otro, llamado Tom Nesbitt (Paul Hubschmid), nadie le cree en cuanto le salvan de morir congelado. Mientras el dinosaurio se dirige hacia el Sur causando estragos a su paso, Nesbitt intenta convencer al ejército de que pronto llegará a tierras estadounidenses, pero todo el mundo sigue sin creerle, tachándole de loco. Las autoridades pronto se darán cuenta de que tenían que haberle hecho caso desde el principio...


Se podría considerar a este film de Eugène Lourié como la primera monster movie de la historia, después de la clásica "El mundo perdido", "King Kong" y sucedáneos, claro está. Todo surgió en 1952 cuando, tras el exitoso reestreno de "King Kong", el productor Jack Deitz decidió que se estrenara, bajo el sello de su productora, una nueva película al estilo de la del gran gorila, pero que se centrara más en la criatura arrasando la ciudad de New York que en la aventura. Partiendo de una historia corta titulada "The Fog Horn", Deitz contactó con el guionista Ray Bradbury, un gran amigo de Harryhausen que, al igual que él, era fan de "King Kong". Bradbury se sorprendió al leer el guión original del film, ya que era idéntico a la historia "The Fog Horn" que, curiosamente, él había escrito. Así que tras vender los derechos de la novela, y bajo la dirección de Eugène Lourié, a Ray Harryhausen le llegó el momento de probarse a sí mismo haciendo lo que siempre había querido hacer.

El relato de Bradbury nos contaba cómo un dinosaurio volvía, después de millones de años, a lo que habían sido sus tierras, atraído por la niebla que envolvía un brillante faro, creyendo que se trataba de una hembra de su especie. Al darse cuenta de que no era un ser vivo como él, el dinosaurio, completamente frustrado, ataca a la estructura y la derrumba, para luego volver al mar... La película de Lourié contiene esta escena; de hecho, es de las mejores que hay. Pero en ella el dinosaurio no vuelve al mar para quedarse allí para siempre, sino que continúa su avance hasta llegar a la gran ciudad, en donde continúa desahogándose y dando rienda suelta a sus instintos como único superviviente de los dinosaurios (o, quizás, porque tiene ciertas necesidades después de tanto tiempo y se siente muy, pero que muy frustrado por lo del faro).


Sobra decir que el rhedosaurio es una especie que nunca existió. Rary Harryhausen no quería hacer a un brontosaurio, como el que había aparecido en "El mundo perdido" (en un determinado momento del film este especialista hace guiños a aquella criaturita). Quería hacer algo más original; más original que los dinosaurios que salían en "King Kong"; así que, ¿qué hizo? Inventarse su propio dinosaurio, una especie de tyranosaurio que se desplazaba por medio de cuatro patas, cual brontosaurio o triceratops. Y lo mejor de todo era que su invención resultaba convincente (como para no serlo), creando a un dinosaurio que, a pesar de no ser tan carismático como Godzilla, tenía su encanto. A todo esto, "La bestia de tiempos remotos" es una película de 1953; por lo tanto, estamos ante el más claro y directo antecedente de "Godzilla". De hecho, los creadores del famoso kaiju japonés admitieron que se basaron en el éxito del dinosaurio creado por Harryhausen para crear a su monstruo patrio.

Y es que "El monstruo de tiempos remotos" fue un éxito; éxito que hizo posible que, a lo largo de la década de los 50, se estrenaran multitud de películas de monstruos gigantes, dando lugar a películas en donde el monstruo bien podía ser un dinosaurio, un hombre gigante o un insecto gigante. El caso es que algo vivo de gran tamaño se dedicaba a darse un paseo por la ciudad mientras la gente huía despavorida, lo cual molaba, mucho. Eugène Lourié dirigió dos películas más de este subgénero conocido también como "monsters on rampage". Una de ellas, "Gorgo", estaba basada en "Godzilla", a lo que ésta, como ya he dicho en el párrafo anterior, estaba basada en "El monstruo de tiempos remotos". Por lo tanto, se cerraba el círculo.


El film en cuestión contiene elementos propios del cine fantástico de los 50, en especial de la sci-fi, como el hecho de que sea la energía atómica lo que libera al monstruo de su milenario encierro, o detalles como las radios informando del peligro de la criatura al mismo tiempo que las fuerzas militares y de policía se movilizan.

Lo mismo se puede decir de los personajes, pues tanto el protagonista como la muchacha a la que éste se intenta ligar son totalmente arquetípicos, los típicos sosainas que aparecían en estas producciones de serie B, cuyo destino nos importaba bien poco, y de quienes nos olvidábamos en cuanto veíamos al monstruo. Y es que ver al monstruo era, al fin y al cabo, lo que de verdad importaba. De todas formas, las actuaciones son pasables y, sumadas al ritmo del film, hacen que los 40 minutos protagonizados por Nesbitt, en los que se dedica a ir de un lado a otro intentando convencer a la gente de que no está loco y de que el dinosaurio que vio en el Ártico es real, se nos pasen rápido.

Lo mejor de todo es, por supuesto, el final. Tras ver la llegada del rhedosaurio a su tierra natal, completamente cambiada y urbanizada, Nesbitt colabora activamente con el ejército y con un jovencito Lee Van Cleef (el otro gran protagonista de "La muerte tenía un precio", peliculón, con todas las letras, de Sergio Leone) para poner fin a los andares del simpático dinosaurio.


Quizás los únicos aspectos negativos, aparte de la forma en que la gente huye (que más que estar asustada parece que corren como si fueran a llegar tarde al trabajo), son la conclusión, demasiado precipitada, y el hecho de que las escenas en las que no sale el monstruo ocupan la mitad del film, en vez de ocupar una cuarta parte del mismo. Hace un tiempo, al ver esta película en compañía de un colega al que no le gustan estas películas (que por cierto, ésta, precisamente, le encantó), éste me dijo que hubiera molado que el monstruo hubiese hecho su avance por tierra y que, durante toda la película, el ejército se dedicara a frenar su paso, inútilmente, hasta que la bestia prehistórica llegaba a la ciudad, en donde detenía su avance (que no su destrucción). La verdad es que, si me paro a pensarlo, eso hubiera molado más que ver a un tipo convenciendo a los demás de que no está chiflado y de que los dinosaurios existen.


En fin, se podría decir que esta película es de esas que ofrecen lo que uno se espera de ella. Ray Harryhausen y su amigo Bradbury estaban hartos de ver como muchas películas de ciencia ficción y de terror prometían mucho con sus posters y trailers y luego, tras verlas, aquello era tan sólo una mentira para atraer al público. Así que, con su buen hacer, ofrecieron a los espectadores lo que estos se esperaban de ella tras ver el cartel (a todo esto, me parece uno de los mejores carteles de la década de los 50, por no decir de la primera mitad del siglo XX).

Una película muy entretenida en la que Harryhausen, a pesar de que aún no había alcanzado las altas cotas de calidad que alcanzaría en futuras películas como "Simbad y la Princesa", "Jasón y los argonautas" o "Furia de Titanes", nos ofrece una de sus primeras muestras de genialidad como creador de efectos especiales, con unos resultados más que notables (los de sus futuras películas es que eran, directamente, más que sobresalientes, y aún me quedo corto diciendo esto). Y qué demonios, podemos considerar perfectamente al rhedosaurio como la mamá de Godzilla. Y eso, amigos, es decir mucho.


Valoración personal: 8/10.

3 comentarios:

Einer dijo...

En primer lugar, tremendo artículo.

Yo comenté El mundo perdido en mi blog y al documentarme me llamó mucho la atención el sistema de balones neumáticos que usó O'Brien para hacer la respiración, verdaderamente realista. Era un genio.

En cuanto a esta, el guion no contenía nada de la criatura, es decir, existía un guion completo pero sin definir cómo sería la criatura y dejaron a Harryhausen total libertad. Harryhausen, por lo visto pensó en un pulpo gigante, un tiburón o un leviatán pero luego se inclinó por un dinosaurio, y una cosa que me sorprendé, desechó usar un tiranosaurio por encontrarlo demasiado típico. Digo que me sorprende porque en Jurassic Park a Steven Spielberg le pasó todo lo contrario, se dio cuenta de la fuerza que tenía el tiranosaurio e incluyó más escenas.

Me he enrollado mucho. Gran película, pero lo que hizo Harryhausen después está en otro nivel. Por cierto, a mí no me gusta tanto el cartel, prefiero por ejemplo el de El ladrón de cadáveres (el segundo que pusiste).

Un saludo.

El Tipo de la Brocha dijo...

No se acerca a lo mejor del maestro, pero aun así merece la pena verla. Y estoy de acuerdo en que el póster es de los que llaman la atención. Una pena que los carteles ilustrados sean prácticamente cosa del pasado.

Roy D. Mustang dijo...

@Einer: muchas gracias, Einer. Lo dicho, O'Brien es Dios.

Muchas gracias por tu comentario, en serio. Con comentarios así, como los tuyos o los que me deja Raül, no sólo dais pie a que podamos entablar una conversación sobre la película, sino que también aportais algo al artículo. Como suelo decir, por mucho que escriba en mis artículos, siempre puedo cometer algún desliz o dejarme algo en el tintero.

La verdad es que no sé muy bien qué opinar. Tanto Harryhausen como Spielberg son grandes figuras del cine. Al fin y al cabo, ¿qué se puede esperar de dos personas a las que les encantan los dinosaurios, salvo que sean personas sanas de mente?

@El Tipo de la Brocha: veo que compartimos opiniones similares hacia este film. Y sobre el poster, lo dicho: me encanta. Si hiciese un top-10 de los mejores carteles de películas de fantasía, este estaría entre ellos.