ATENCIÓN, AVISO PARA HISPANOHABLANTES: RECOMIENDO ENCARECIDAMENTE VER LAS PELÍCULAS Y SERIES AQUÍ RESEÑADAS EN VERSIÓN ORIGINAL SUBTITULADA EN ESPAÑOL (V.O.S.E.)

domingo, 4 de marzo de 2012

La mosca




Creo que este es el mejor trailer de todos de todos los que he puesto antes de ponerme a hablar de una película de terror. Al fin y al cabo, está bien montado, no promete TERROR ABSOLUTO para engatusar al público, es sugerente y cuenta con la voz del gran Vincent Price, quien aquí vuelve en una nueva película de sci-fi/terror de los años 50, la cual estaba a todo color gracias al uso del CinemaScope. "La mosca" es, sin duda, una de mis favoritas de esa década. De pequeño tenía cierta obsesión con el monstruo que en ella aparecía, una mosca humana con traje de científico (aunque dicha obsesión también podría ser debida a lo mucho que me gustaba un personaje que salía en "Las tortugas ninja" llamado Baxter Stockman).

Después de las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki al final de la II Guerra Mundial, comenzaron a realizarse, ya en la década siguiente, multitud de films de ciencia ficción en los que multitud de seres mutaban, debido a los efectos de la radiación, en una terrible amenaza para la humanidad; ahí tenemos a las hormigas gigantes de "La humanidad en peligro", a la tarántula de "Tarántula", y a otros insectos del mismo tamaño como mantis religiosas y saltamontes que, siguiendo el éxito del mencionado film de las hormigas gigantes, se convertían en una amenaza de proporciones descomunales, literalmente hablando. "La mosca", en un principio, y más si uno contempla únicamente el cartel, puede parecer más de lo mismo; la historia de una mosca gigante que, para variar, amenaza a la humanidad tras haberse dado un baño radioactivo por culpa de los incompetentes humanos. Sin embargo, el director Kurt Neumann y el guionista James Clavell, a pesar de presentarnos a un nuevo monstruo, a un insecto de un tamaño superior a lo normal, decidieron tomar un camino más original, distinto e interesante que lo que se había visto hasta entonces, convirtiendo y, a la vez, reduciendo a la amenaza de la mosca en cuestión en algo puramente personal. Olvidaos de esos films que he enumerado en los que la masa de gente huía despavorida del insecto gigante a sus espaldas, pues en "La mosca" no encontraréis nada de eso.

La película estuvo producida por la Fox, un estudio que, hasta entonces, no se había adentrado mucho en el cine de terror como lo habían hecho otras compañías como la Universal. La historia era ni más ni menos que una adaptación de un relato escrito por el canadiense George Langeelan; relato que fue publicado en 1957 en la revista Playboy (sí, habéis leído bien, la Playboy). Dicha historia ganó el premio a mejor cuento escrito del año en esa publicación, así que, un año después, en 1958, le llegó el turno a su adaptación cinematográfica. ¡Eso si que es adaptar algo pronto! Y es que, como me suelo preguntar a mí mismo, ¿por qué esperar a que una novela, cuento, o lo que sea que esté escrito, tenga un gran éxito internacional o se gane el reconocimiento de obra maestra de la literatura si, ya de primeras, cuenta con una historia que puede dar mucho de sí en formato cinematográfico?


Ficha técnica:

Título: La mosca

Título original: The Fly

Año: 1958

Duración: 94 min.

País: Estados Unidos

Director: Kurt Neumann

Guión: James Clavell

Música: Paul Sawtell

Fotografía: Karl Struss

Reparto: Al Hedison, Patricia Owens, Vincent Price, Herbert Marshall

Productora: 20th Century-Fox

Género: Ciencia ficción. Terror. / Monstruos. Serie B.


La historia comienza con un misterioso asesinato en una fábrica que pertenece a los hermanos Delambre. Curiosamente, la víctima, que ha sido aplastada por la prensa de una de las máquinas, es André Delambre (David Hedison), uno de los propietarios. Inmediatamente después, el hermano que continúa viviendo, François Delambre (Vincent Price), recibe una llamada de su cuñada, Hélène (Patricia Owens), quien se declara culpable del asesinato. 

La policía acude al gran hogar de Hélène y, allí, ésta continúa declarándose culpable. El comportamiento de la viuda hace dudar a François de su veracidad, ya que no le entra en la cabeza que una relación tan perfecta, con un hijo en su haber, terminara en tragedia, más si la asesina es su querida, pacífica y feliz cuñada, la cual parece actuar como una demente, teniendo especial fijación por las moscas; en especial por una mosca de cabeza blanca que nadie ve por ninguna parte. El inspector de policía Charas (Herbert Marshall) y François le dicen que han capturado a esa mosca con la intención de que Hélène les cuente por qué André murió aplastado por una prensa de la fábrica. Es en ese momento cuando, a través de un largo flashback, la torturada mujer les cuenta una historia inaudita...


Antes de nada, he de decir que me resulta muy difícil hablar de esta película sin destripar algunas partes de su argumento. Para todos aquellos que no la hayáis visto y que estéis leyendo estas líneas recomiendo, antes de nada, que la veáis y luego, si queréis, continuéis la lectura desde este punto (normalmente, escribo mis artículos tanto para aquellos que no se hayan visto la película de la que hablo como para los que sí, aunque, como hago yo, recomiendo leer críticas tras haber visto el film, ya que si no, con ver la nota orientativa y leer la sinopsis creo que ya es más que suficiente. En esta ocasión, el artículo va más que nada dirigido a todos aquellos que ya la hayan visto y quieran leer opiniones ajenas sobre el film).


Hablar de la historia de "La mosca" es hablar de una historia dividida en dos bloques, cada uno con características de determinados géneros cinematográficos. El primer bloque engloba el inicio; inicio que, como todos sabréis, enlaza con el final. En los primeros minutos de metraje, por medio de una escena sangrienta y, para la época, bastante transgresora, se descubre el cadáver de André. Posteriormente, se procede a la investigación del asesinato por parte de la policía ya que, aunque todo apunte a Hélène como la auténtica asesina, su comportamiento dista mucho de ser normal (y es que sólo un loco, como aquel que salía en "Drácula", tendría tal fijación por las moscas). Sin duda, este bloque contiene elementos propios del cine policíaco y de suspense, sembrando la historia de multitud de incógnitas; incógnitas que parecen revolotear en torno a una simple mosca (o no tan simple, ya que ésta tiene, misteriosamente, la cabeza blanca).


El segundo bloque es un flashback relatado por la mujer de la víctima; un largo flashback, he de añadir, pues se desarrolla no sólo durante la parte central del metraje, sino también durante casi todo el film. En él veremos como era la vida de Hélène y André antes del trágico incidente que pondría fin a la vida del segundo; una vida que, en compañía de su hijo Philipe y, bajo el techo de una envidiable casa con criada incluida (a mí me pareció una mansión), refleja con gran acierto el american way of life tan popular durante los años 50 (lo cual puede parecer aburrido, pero a mí me encata ver cómo era la vida en los EEUU en aquella década. Sí, "Regreso al futuro" me marcó de por vida). Todo es felicidad durante los primeros minutos del flashback... André es un científico que se dedica a experimentar en el sótano de su casa y, a pesar de estar en un lugar tan cercano al contacto de su esposa y su retoño, sus experimentos le obligan a estar encerrado durante horas y horas en esa habitación, hasta tal punto de que se pasa días enteros sin ver a su hijo y a su sufrida esposa.

El otro día un compañero me comentó que esta película es muy machista. Situémonos... Estamos en los años 50 y, por entonces, la mujer siempre se nos presentaba en las películas siguiendo el mismo patrón: el de componente femenino que esta ahí por estar o, como es el caso, el de una mujer sufridora que, a pesar de todo, ama hasta límites insospechados a su marido (comporte como se comporte, a su esposo/novio siempre le dará la razón aunque no la tenga). En resumidas cuentas, que las películas de la época eran machistas a más no poder, y la mujer siempre salía desempeñando tareas atribuidas, por aquel entonces, al sexo femenino (ocuparse de la casa, cuidar del hijo mientras el padre de familia trabaja fuera del hogar, etc). Por supuesto, "La mosca" no es ninguna excepción...


En este segundo bloque, de gran duración, como ya he dicho, la temática es fruto de una mezcla de terror y ciencia ficción con otros géneros tan dispares como el drama y el romance; siendo los géneros de terror y sci-fi los que más se palpan en la ambientación. De hecho, podríamos dividir a este bloque en otras dos partes; en la primera, de marcado tono científico y, por ende, propio de un film de sci-fi, vemos como André le presenta a su esposa el experimento en el que ha estado trabajando día y noche: una máquina formada por dos cabinas, capaz de desintegrar la materia en átomos en una de ellas, transmitirlos, y reintegrarlos en la otra cabina, que actúa como receptor de la materia. Con esto, pretende poner punto y final al problema de las distancias, pudiendo enviar alimentos a todas las partes del mundo. Pero el experimento de André parece no ser perfecto, como ambos comprobarán de primera mano al ver como un plato no se reintegra a la perfección (en vez de mostrar en su base la frase "MADE IN JAPAN", aparece escrito "NAPAJ NI EDAM", o sea, al revés). Día tras día, el científico pone todo su empeño en continuar experimentando, llegando a teletransportar, sin éxito, a seres vivos con su máquina (un gato pasará a formar parte de la nada) y, finalmente, con éxito (como demostrará sirviéndose de una cobaya).


Cuando todo parece ir sobre ruedas, observamos un punto y aparte en forma de una idílica escena en el jardín del hogar, propia de un film de romance, en la que la pareja disfruta de lo bonita que es la vida mientras los pájaros cantan y todo eso... Es al día siguiente cuando se produce la tragedia, y cuando el argumento da un giro brusco hacia el terror y el drama, pues André parece haber sufrido un extraño accidente, ya que no puede ni hablar, teniendo que comunicarse con su esposa a través de documentos de texto que le pasa por debajo de la puerta de su laboratorio. Hélène se sentirá perturbada al ver cómo su marido oculta su rostro con una manta negra, y horrorizada en cuanto vea que uno de sus brazos se ha convertido en un brazo peludo, terminado en una garra inhumana de tamaño descomunal. Pero el verdadero terror llegará cuando vea con total claridad las terribles consecuencias del experimento; cuando vea que, a pesar de poseer cuerpo de humano, su marido tiene cabeza de mosca... André explica que todo fue debido a que, en el momento en el que decidió experimentar con él mismo, se coló en la cabina emisora una mosca, resultando en la fusión de ambos seres, intercambiando partes de su cuerpo con las del insecto. En esa situación, le encomienda a su esposa la importante misión de encontrar, cuanto antes, a una mosca de cabeza blanca para así revertir el proceso, pues poco a poco comienza a perder su raciocinio, convirtiéndose a cada minuto que pasa en un auténtico monstruo, no sólo físicamente hablando... Desgraciadamente, Philipe, el hijo de ambos, a quien le encanta cazar insectos, se había encontrado con esa mosca, pero Hélène le dijo que la soltara, pues una mosca le parecía algo repulsivo... Poco sabía la mujer en aquel momento que su marido se iba a convertir en eso...


Si nos centramos en hablar de los personajes, tenemos, como ya habréis podido comprobar, un reparto limitado, con pocos actores en él. Pero bueno, teniendo en cuenta que Vincent Price vale por cincuenta (o más) y que Patricia Owen como Hélène cumple sobremanera con su rol, esto no supone ningún impedimento a la hora de afirmar lo de "más vale calidad que cantidad". De todas formas, la actuación de Vincent Price como François está muy alejada de lo ya visto en "Los crímenes del museo de cera", así como de futuras interpretaciones en los míticos films dirigidos por Roger Corman en los que pronto colaboraría. Aquí el bueno de Price no es ningún tipo malvado ni de mentalidad retorcida y perturbadora; al contrario, es una persona de lo más normal, un hombre al que no le ha importado sacrificar el amor de su vida en pos de su querido hermano, quien, muy a su pesar, parece haber sido asesinado por la persona de la que tiempo atrás estuvo enamorado. Aún así, Vincent, como es normal, mantiene ese porte y esa presencia tan característica que le encumbraría como todo un grande del género. En cuanto al resto de las actuaciones, que no son muchas, cabe señalar a Patricia Owen. Esta actriz sentía verdadero asco hacia las moscas, así que el grito que ésta emite a la hora de ver la mutación de su marido no es tan fingido como cabría pensar. A su papel se le suma la posición de la mujer antes comentada; posición que, aunque la limite, no impide que nos ofrezca una buena actuación.


En cuanto al monstruo en sí, tenemos a André como la mosca (aunque, ojo, monstruo es una forma de llamarle ya que, aunque tenga la apariencia de una monstruosa mosca mutante, al principio conserva su mentalidad humana y el afecto hacia su amada). Hay que decir que el hecho de que su personaje resulte efectivo, a pesar de que su apariencia resulte un tanto irrisoria (se ve a kilómetros de distancia que el monstruo es de mentira), no sólo se debe a su actuación, totalmente dramática, sino también a la conseguida ambientación, la cual nos sumerge en la historia de tal forma que nos olvidamos del aspecto de la mosca, y hace que recapacitemos en el hecho de que aunque estemos ante un monstruo, en realidad es un humano como nosotros, que ha tenido la desgracia de mutar en algo extraño (algo parecido a lo que sucedía en "El experimento del Dr. Quatermass"). A todo esto, aunque su aspecto resulte irrisorio, estoy juzgándolo, de una forma bastante injusta, desde la perspectiva actual, pues en su día su aparición resultó impactante, terrorífica y, sobre todo, estremecedora. La cabeza de la mosca estuvo diseñada por Ben Nyle (para quienes no sepáis quién es este hombre, os diré que se ocupó del maquillaje y de las máscaras de ese gran clásico y obra maestra del cine que es "El planeta de los simios").


La música juega un papel determinante a la hora de crear una atmósfera por momentos llena de felicidad, de tristeza o de terror. Los distintos temas suenan cuando han de sonar, notándose claramente la ausencia de una partitura de fondo durante los primeros minutos del film, así como en otros momentos llenos de suspense, aumentando, de esta forma, la intriga y el ansia por saber qué ha ocurrido.

Los escenarios, al igual que los actores, son pocos, pero estan muy bien aprovechados. Aparte de la mansión de los Delambre, de la fábrica y de los exteriores de la mansión, tenemos mi escenario favorito (y el de todo buen amante de la sci-fi cincuentera): el laboratorio (en el sótano). En ese lugar lleno de cachivaches que, por aquella época, resultarían tan misteriosos como innovadores, podemos contemplar como el científico cuenta con un ordenador de la época, de esos que ocupaban toda una pared. Un ordenador basado en los modelos IBM, que se encarga de realizar los cálculos para que la teletransportación de la materia de una cabina a otra sea posible. La verdad es que me encanta el momento en el que se produce dicho teletransporte; las lucecitas de colores iluminando la sala; los sonidos que se escuchan, tan extraños; y ese estruendoso estallido de luz en el momento de la teletransportación, están cargados de ese sentido de la maravilla e ingenuidad propia de los años 50.


Hasta aquel entonces y, en los últimos años, el mundo había sido partícipe de cómo se creaban multitud de inventos que, a su modo, cambiarían la sociedad, como por ejemplo la televisión (un invento que cambiaría, definitivamente, la industria cinematográfica en los 60). Una sucesión de inventos que, en el siglo XIX, tan sólo un siglo antes de los hechos que acontecen en el film, eran impensables. Una revolución tecnológica que a algunas personas, como a Hélène, llegará a abrumar hasta el punto de temer por el futuro de la humanidad; un miedo que, posteriormente, se materializará en la persona que más quiere en el mundo.


Muchos films de sci-fi y de terror (como es el caso) de los años 50 ofrecían en su conclusión una moraleja. Las más comunes eran avisos ante la amenaza soviética y los espías que se infiltraban en la sociedad, así como los peligros que entrañaba la bomba atómica... En "La mosca" la moraleja se crea en torno a los avances científicos, al uso inapropiado de los mismos, y en las consecuencias en las que puede derivar la producción desenfrenada de nuevos inventos que, en teoría, deberían hacernos la vida más fácil.

En retrospectiva, el tiempo ha demostrado que "La mosca" es más recordada por su adaptación cinematográfica que por el relato en el que se basaba (o que adaptaba, según se mire). Curiosamente, a pesar de contar con Vincent Price desempeñando un papel totalmente secundario, ésta película es recordada como si éste desempeñara un papel de primera categoría, como si fuera un personaje muy, pero que muy importante. Esto quizás es debido a dos motivos: uno; que sea Vincent Price, no hay más. Dos; que esté presente en la escena más impactante del film, hacia el final... Una escena en la que el horror vuelve a adquirir forma física; una escena que, aún a día de hoy, resulta estremecedora. Un estremecimiento que al bueno de Price y al actor que le acompañaba en ese momento, Herbert Marshall, no les estremeció en absoluto, sino al contrario, pues fue una escena difícil de rodar debido a los ataques de risa que les provocaba a estos dos actores.


Al éxito de "La mosca" le siguió, al año siguiente, en 1959, una secuela, dirigida por Edward Bernds y titulada "El regreso de la mosca", en donde Philipe retomaba los experimentos de su padre. Curiosamente, esta secuela dejaba de lado el color de CinemaScope, siendo un film rodado en blanco y negro. Así mismo, contaba con un mayor protagonismo en torno al personaje de Vincent Price y con elementos más propios de la serie B, dándole más importancia al monstruo como amenaza en sí que como ser torturado en continua desesperación.


Ya en los años 60, en 1965, Don Sharp (famoso por sus films en la Hammer) dirigió la tercera parte, "La maldición de la mosca", la cual es, en mi opinión, la más floja de la trilogía (lo cual no quita que, aún así, me entretuviese lo suyo). A pesar de haberse estrenado casi una década después, esta tercera y última parte de la trilogía original también era en blanco y negro.

Que hable de trilogía original no quiere decir que, posteriormente, se hiciera una segunda trilogía a modo de precuela, ni nada de eso... Pero sí que se hicieron dos películas relacionadas con la mosca. La primera, titulada, simplemente, "La mosca", era un remake del original, un brillante remake, he de añadir, dirigido por David Cronenberg y estrenado en 1986 que, en mi opinión, supera con creces a la original, además de darle más importancia al proceso de degeneración del protagonista y a la relación con su pareja. A este remake le seguiría, en 1989, una secuela, "La mosca II", dirigida por Chris Walas, que es bastante inferior a la primera película pero que contiene una escena final bastante entretenida para todo aquel que guste de monstruos cinematográficos. Es probable, pero no seguro, que hable de estas secuelas y del remake en este blog (aunque dudo que, cuando toque, no me pare a hablar detenidamente del remake). De todas formas, fieles lectores, os digo que estéis atentos a futuras publicaciones.


En conclusión, hay muchos films de sci-fi y de terror en los años 50 y, como bien decía al principio de esta nueva entrada en este ciclo de cine de terror a lo largo de las décadas, "La mosca" es uno de mis favoritos. Personalmente, creo que el éxito del film fue debido a su original propuesta, pues, lejos de ser la típica película en la que un monstruo se daba un paseo rompiéndolo todo o matando gente, aquí veíamos lo terrible que podía llegar a ser la ciencia mal empleada desde un punto de vista intimista, personal, haciendo que lo que se veía en pantalla conectara, debido a su cercanía, con el espectador. Aparte de eso, estamos ante un claro referente de dichos géneros, en el que a las trágicas y perturbadoras mutaciones humanas derivadas del uso incorrecto de la ciencia se le suman elementos propios del romance, del drama e, incluso, de la vida cotidiana, todos ellos empleados de forma efectiva. Totalmente recomendada, y, en mi opinión, tan sólo superada por el remake de Cronenberg.

Valoración personal: 9/10.

4 comentarios:

Raül Calvo dijo...

Aunque esta película, como la mayoría de este tipo que vi de niño por la tele, me hace bastante gracia, prefiero el remake de Cronenberg. Vista hoy día me resulta entrañable pero poco más. Incluso dentro del libro de relatos de George Langelaan en que se incluía este cuento (La Mosca: Relatos del Antimundo) contiene una historia sobre un tipo cuya mano transplantada empieza a actuar por si misma que me gustó más que el relato de la Mosca (por cierto, si no me equivoco, la película no se supone que transcurra que Estados Unidos). Pero sin duda es un clásico.

Por cierto, en sus inicios la revista Playboy publicó cuentos y artículos de autores de prestigio, como era costumbre en la mayoría de revistas de entonces. No es extraño que un relato publicado en Playboy alcanzase notoriedad y publicidad. Desde entonces a ahora ha llovido mucho.

El Tipo de la Brocha dijo...

Hace tiempo que perdió su eficacia como filme de terror o suspense, pero vale mucho como clásico. Toca preguntarse cuándo diremos lo mismo del remake de Cronenberg.

Javier Simpson dijo...

Me encanta esta película de Kurt Neumann.
Angustiosos los momentos en los que perseguían la mosca de cabeza blanca y no la daban encontrado, el pobre chabalín. De lo mejor del cine fantástico y de terror. A la altura de El increíble hombre menguante o la sin igual El hombre invisible.
Muy acertada la visión de la familia del científico con la american way of life, Roy.

Yo veo también que en la peli se alerta sobre los peligros de la ciencia, eso de que no todo vale, de los límites, que no hay que jugar a ser dioses y patatín patatán. Por tu último comentario creo que opinas más o menos como yo.

La mosca, de Cronemberg es una pasada. Muy marca personal del director canadiense. Como dices: la degeneración y los cambios en esta peli son espeluznantes (esto último lo digo yo :-P )

De las otras adaptaciones no me acuerdo muy bien. Creo que de peque vi alguna otra, pero no estoy seguro.

Excelente la entrada, Roy

Einer dijo...

Me uno al club de los que prefieren la de Cronenberg, aunque esta es fantástica también.

Por cierto, yo compro el Playboy por los artículos.