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jueves, 29 de marzo de 2012

La mansión de los horrores




Valoración personal: 6/10.

Hace unos años pensaba que "La mansión de los horrores", título con el que se conoció aquí, en España, a "House on Haunted Hill", de 1959, fue la película que creó el subgénero del cine de terror de casas encantadas. Me equivocaba. Ya en los años 20 se hacían films en donde los escenarios en donde se desarrollaba la acción eran viejos y enormes caserones en donde el viento, proveniente del exterior, penetraba en el interior emitiendo perturbadores susurros y avanzaba a través de sus tétricas y lúgubres habitaciones, desatando el miedo entre todos aquellos que se hallaban, muy a su pesar, en su interior... De hecho, hace unos meses hablé por aquí de una de ellas, de principios de la década de los 30 y dirigida por James Whale, "El caserón de las sombras", la cual tiene alguna que otra similitud con la presente película, sobre todo en lo referente a esa ambigüedad consistente en hacer que nos preguntemos si la casa está realmente encantada o no.

Pero, ¿por qué hablar de "La mansión de los horrores" cuando no es una maravilla de película, ni mucho menos una obra maestra? ¿Por qué hablar de ella si hasta en su día resultaba cutre, sobre todo en la parte técnica? Seré más directo: ¿por qué hablar de ella si me parece una peli cutre (pero con cierto encanto añejo)? Pues por tres motivos, principalmente... Primero: el hecho de que cuente con el mítico actor Vincent Price en su reparto. Segundo: que fuese la película que diese el verdadero pistoletazo de salida a la hora de hacer films de casas encantadas, de los cuales algunos, como "The haunting", de 1963, provocaron un terror nunca visto hasta entonces; terror que se extendería a otros subgéneros. Tercero: su director y las ideas ingeniosas de las que se sirvió para que el film fuera un éxito.

Podría decirse que esta es una película simple, hecha con el único objetivo de entretener, sin más pretensiones. Por supuesto que en la actualidad no da nada de miedo; es más, es perfecta para verla en grupo, para echarse unas risas por las cosas que se nos muestran en pantalla, algunas totalmente desternillantes. De estrenarse hoy en día, aparte de no tener nada de éxito, seguro que muchos la considerarían como un producto casposo a más no poder, o como una comedia de terror fallida, o, incluso, habría quien la consideraría un tributo al cine de terror de los años 50.

Ah, y atención al esqueleto que sale retratado de forma realista en el cartel que muestro a continuación (justo al contrario de como se nos muestra en la película), porque anda que no tiene de qué hablar...


Ficha técnica:

Título: La mansión de los horrores

Título original: House on Haunted Hill

Año: 1959

Duración: 75 min.

País: Estados Unidos

Director: William Castle

Guión: Robb White

Música: Von Dexter

Fotografía: Carl E. Guthrie

Reparto: Vincent Price, Carol Ohmart, Alan Marshal, Richard Long, Carolyn Craig, Elisha Cook, Julie Mitchum, Leona Anderson, Howard Hoffman

Productora: William Castle Productions

Género: Terror. Intriga. / Sobrenatural. Casas encantadas.


Vincent Price encarna en esta ocasión a un excéntrico millonario, de nombre Frederick Loren, que ha alquilado por una noche una gran mansión que, supuestamente, está embrujada, en la que se dice que habitan fantasmas y espíritus malignos. Su esposa, Annabelle Loren (Carol Ohmart), le propone que organice un juego un tanto macabro: que invite a cinco personas a la mansión y, una vez allí, que pasen una noche entera. Si logran sobrevivir al alba, cada uno de ellos recibirá 10.000 dólares. Aunque mueran, esa fortuna será entregada a un familiar de la víctima (se ve que a Loren le sobra el dinero, y eso que es un multimillonario venido a menos). Por la noche llegan en coches fúnebres los cinco invitados; cinco personas muy distintas entre sí, pero con un objetivo en común: hacerse con el premio por pasar una noche entera en el interior de la mansión de los horrores de los Loren.


Decía que, de estrenarse hoy en día, esta película sería considerada por parte del público (por parte de los aficionados a este tipo de cine, para qué nos vamos a engañar) como un tributo al cine de terror de los años 50, como un film hecho por amantes del cine de terror clásico para amantes del mismo; pero, curiosamente, ya en su día era considerada una especie de tributo (aunque no se hiciese con tal intención) hacia el cine de terror gótico que tanto éxito tuvo 20 años antes de su estreno, en los años 30. No son pocos los elementos propios de aquellos films de los años 30 que se nos aparecen aquí; elementos que, ya por entonces, estaban pasados de moda (recordemos, una vez más, que en los 50 lo que estaba de moda eran los extraterrestres del espacio exterior y los monstruos gigantes o radioactivos).


Los orígenes de "La mansión de los horrores" son curiosos... Su director, William Castle, debió de pensar que si en Reino Unido viejas glorias del horror gótico como el monstruo de de Frankenstein, Drácula o la momia volvían a tener éxito gracias a la productora británica Hammer, y al nuevo enfoque con el que ésta los presentaba, él podría hacer lo mismo con el subgénero de casas encantadas, tomando conceptos ya presentados en films como "Satanás" o "El cuervo". Y, la verdad, en parte, lo consiguió.

"El director, William Castle..."

"Y su silueta. Por lo que he leído sobre él, este tipo me cae bien"

Castle era un tipo que tenía más de feriante que de director de cine. Desde principios de los años 40 estuvo metido en el mundillo cinematográfico y, sucesivamente, se dedicó a dirigir westerns y thrillers policíacos... Hasta 1955, año en el que se estrenó "Las diabólicas", de Clouzot, film que contaba con una mezcla entre thriller y horror con la que Castle quedó maravillado. A partir de ese momento, el director estadounidense decidió que sus próximas producciones serían de terror, puesto que era un género que encajaba perfectamente con su personalidad de feriante, con su forma de atraer al público (mayoritariamente joven) a las salas por medio de los rimbombantes eslóganes de sus películas, entre otras cosas que hacían que el espectador se involucrara en la película; cosas que detallaré más adelante.

"Castle, bien acompañado, tomándose un descanso. Esta foto me hace pensar que el rodaje fue muy divertido"

Centrándome en el argumento, estamos ante el típico film con casa encantada de por medio, en donde se nos presentan todos los tópicos del subgénero: el fuerte susurro del viento, que estremece a los inquilinos; decoración gótica, con telarañas de por medio; los sótanos del lugar, que evocan a ese castillo en el que vivía cierto conde vampiro de Transilvania (aunque aquí eso no lo lograron muy bien); la tormenta en el exterior, con relámpagos incluidos; fantasmagóricas apariciones, y así un largo etcétera...

"La mansión de los horrores" no sólo se diferencia del resto de películas de este tipo por contar con Vincent Price, sino también por el hecho de que durante la historia se nos presenta una ambigüedad propia de un film de Hitchcock o de Clouzot, gracias a la cual no sabemos con certeza si la mansión está en realidad encantada o si, por el contrario, los inquilinos son víctimas de alguien que se ha propuesto enloquecerles solamente por divertimento propio. Así mismo, se nos dan pistas que, al final, resultan ser innecesarias en la resolución del misterio. Ya que menciono a dos prestigiosos directores, he de añadir que William Castle era un gran fan de Hitchcok. Curiosamente, el director inglés decidió hacer "Psicosis" a raíz del éxito que tuvo la presente película de Castle. Más curioso fue que, tras el estreno de "Psicosis", Castle dirigiera una producción que tenía por objetivo repetir el éxito del sobresaliente film de Hitchcock; cosa que, finalmente, y como cabría de esperar, no logró. Y es que, a fin de cuentas, no todos los directores son unos genios, y Castle podría ser considerado un "wannabe" de Hitchcock y de Clouzot que, aún así, a su manera, sabía cómo entretener a los adolescentes ávidos de cine de terror que se saliera de los límites establecidos por las grandes compañías.

Durante el film salen ciertas cosas que demuestran que el código Hays, órgano censor de la época, estaba perdiendo cada vez más fuerza. De esta forma, vemos cabezas arrancadas impregnadas de sangre, a la mujer de Loren enseñando carne (las piernas y gran parte de la zona de los hombros, algo que no se veía en un film de terror convencional desde principios de los años 30), o gotas de sangre cayendo del techo y manchando a una de las invitadas. Curiosamente, la sangre que aquí vemos resulta ser mucho más realista que la que se veía en otros films de la época, ya que no era de un tono rojizo parecido al del tomate.


El punto fuerte del film son los personajes, un elemento importante si se tiene en cuenta su limitado presupuesto y, además, la forma en la que ha envejecido. Bien distintos entre sí, los cinco invitados resultan ser, cada uno a su manera, bastante carismáticos (salvo, quizás, la periodista, pues apenas hace algo relevante). De entre esos cinco destacaría, especialmente, a dos actores: a Elisha Cook, quien ya había hecho de secundario en grandes películas como "El halcón maltés", interpretando, en esta ocasión, al crédulo dueño de la mansión, llamado Watson Pritchard; y a la actriz Carolyn Craig asumiendo el papel de la scream-queen de la función (a veces peca de scream-queen, sobreactuando demasiado), la joven Nora Manning, una empleada de Loren que, al igual que el resto, necesita el dinero.


Pero si hay dos personajes que destacan por encima de los cinco invitados estos son la pareja formada por Loren y su esposa, encarnados por un pletórico, inquietante y, a la vez, atrayente Vincent Price y por una sugerente y, a la par, lujuriosa Carol Ohmart. El señor Price, tras éxitos como "Los crímenes del museo de cera" o "La mosca", entre otros, ya asumía su encajonamiento dentro del género. Esto lo comprobamos por la forma en la que desempeña su papel, sin resignación alguna, haciendo gala de ese toque tan personal que le daba o, mejor dicho, daría de ahí en adelante a sus personajes; un toque tan personal como carismático. De hecho, pienso que si por algo es recordado este film de William Castle, aparte de por el éxito que tuvo en su día e influencia de cara a futuras producciones, es por contar con Vincent Price en uno de sus papeles más recordados, el del millonario Frederick Loren. Su apariencia y puesta en escena, sumada a su personalidad y a su forma de hablar, llena de ironía, pega perfectamente con la de su esposa en esta película, Annabell Loren. De hecho, para mí el mejor momento del film (o el único momento que me pude tomar más o menos en serio) es ese diálogo que mantienen ambos personajes cerca del inicio de la cinta; una conversación un poco macabra, plagada de humor negro, ironía y, además, de cierta ambigüedad que encaja a la perfección con la trama que se irá desarrollando durante el resto del metraje.


Teniendo en cuenta que hablamos de una película de casas embrujadas, la ambientación y la decoración han de ser, por supuesto, unos elementos tan importantes como los personajes, pues de nada sirve que nos encariñemos con ellos y que luego el escenario no sea capaz de crear una atmósfera opresiva y perturbadora, o viceversa... Sin embargo, Castle no tenía mucho dinero, y tuvo un presupuesto muy limitado... Con lo que sí que contó fue con una mansión de verdad para realizar las tomas en el exterior (nada de maquetas). La mansión en realidad es la Ennis Brown House, situada en Los Ángeles, diseñada por Frank Lloyd Wright y construida en 1924. Volviendo a la película, los interiores del edificio (que supongo que fueron rodados en el interior de un estudio cinematográfico) están decorados de tal forma que el lugar parece anclado en la época victoriana, sí; pero el principal problema, a mi entender, es que el mobiliario está impoluto. Todo parece nuevo, y tan sólo se han añadido telarañas a unos pocos muebles de la entrada principal que, aunque estén cubiertos de telarañas, brillan de lo nuevos que son. Si a eso se le suman unas paredes (con pasajes secretos incluidos) que, de lo nuevas que parecen, chocan con el resto de la decoración y unas puertas que parece que las limpian todos los días de lo bien que brillan, pues... ¿Y qué me decís del sótano? Al ser un sótano de una mansión encantada, lo suyo es que estuviese muy sucio y que en las paredes se viesen las rocas con las que éstas fueron hechas; pero no, el sótano es un cuarto con las paredes lisas y pintadas de gris, con una decoración de lo más pobre y simplona (unos pocos barriles, unas cuantas sillas, y ya está). Recomiendo ver el film como fue exhibido en su día, en glorioso blanco y negro. Esto último lo digo porque hace unos años salió una edición en DVD que contenía, además de la versión original en blanco y negro, una versión bonitamente coloreada (que fue la primera que me vi, y la que me he vuelto a ver antes de hacer esta reseña) en donde estos fallos escenográficos se notan mucho más.

"Antes del comienzo de los créditos de apertura, y tras quedarnos sordos al escuchar los gritos de una mujer y de un loco de juerga un sábado por la noche, la cabeza voladora de Vincent Price nos advierte del TERROR ABSOLUTO que presenciaremos"

Seguramente muchos de los que hayáis visto recientemente esta película habréis pensado durante su visionado, en más de un momento, algo como: "qué cutre"; pero, a pesar de esa cutrez, hay una cosa de "La mansión de los horrores" que hace que la tenga en alta estima... Esto es, sin duda, esa capacidad que tiene la propia película de reírse de sí misma, de sus propias limitaciones y de sus artesanales efectos especiales; efectos de entre los cuales cabe destacar esas cabezas arrancadas, que se nota a la legua que son de mentira, o el esqueleto, de nombre Emergo, del que hablaré con detenimiento en los próximos párrafos.

No sólo los efectos especiales eran cutres en su día; el guión está plagado de contradicciones, como por ejemplo que las velas de una sala se apaguen sin explicación alguna y que, justo a continuación, tras presenciar otra escena, veamos como la habitación que supuestamente debería de estar a oscuras está, misteriosamente, iluminada de nuevo (¿quién se dedicó a encender las velas, un espíritu?). Lo mismo se podría decir del "fantasma" de Annabell... ¿cómo hace para enroscar una soga alrededor de las piernas de la aterrorizada Nora desde el otro lado de la ventana? Así mismo, mientras Hitchcock o Clouzot introducen en sus films pistas falsas con suma maestría, las que introduce Castle se nota que están metidas con calzador, dando la sensación de que sobran... Y, lo que es peor: pase lo que pase, difícilmente las olvidamos. Vamos, que la historia no es que se planteara muy bien... A veces da la sensación de que Castle fue improvisando durante la marcha, y eso, en una historia de misterio e intriga, es un error garrafal. La mayoría de estos fallos los vemos sin problema en un segundo visionado (o incluso tras terminar el primer visionado), cuando ya se ha solucionado el misterio concerniente a si en esa mansión hay espirítus como bien afirma su propietario o si, por el contrario, es todo una farsa orquestada por los Loren.

"Acosada y arrinconada por un esqueleto de mentira. No hay escapatoria posible"

Y sí, repito; en un segundo visionado esos fallos se ven claramente, pero esta película fue estrenada en una época en la que el VHS no existía; de hecho, la TV era un invento nuevo que aún se estaba implantando en la sociedad, y la gente iba al cine no sólo para ver una película con la intención de verla una sola vez, sino también para ver una forma de espectáculo más cercana al teatro que al cine tal y como lo conocemos hoy en día. Y en eso, en hacer de una película en cartelera un auténtico espectáculo, Castle no tenía rival. Como ya dije unos cuantos párrafos más atrás, este director tenía más de feriante que de director. En "Macabro", film de 1958 que suponía su primera incursión cinematográfica dentro del género de terror, aseguró con el banco Lloyd's de Londres y por un valor de mil dólares a los espectadores por si durante el visionado del film alguno moría de miedo (tal cual). En "The Tingler", película que, al igual que "La mansión de los horrores", estaba protagonizada por Vincent Price, hizo algo insolito: en un momento dado de la película, el monstruo que en ella salía, de nombre Tingler, y al cual se le podía matar gritando, mata a un hombre que sale en una cabina de cine proyectando películas. Inmediatamente después, la pantalla del cine se quedaba en blanco y una voz exclamaba: "griten, griten para salvar sus vidas, el Tingler está suelto en la sala". ¿Y qué hacía el público? Desmadrarse. Hoy en día la gente se quedaría pensando, desconcertada: "¿pero y esta gilipollez?" Pero por entonces, lejos de pensar eso, ¡se ponían a gritar como locos!

"William Castle, pensando en su próxima IDEACA mientras se fuma un puro"

¿Y qué es lo que hizo en "La mansión de los horrores"? ¿A qué truco recurrió para que el público interactuara con la película? Bien, ya he hablado por encima del esqueleto bautizado por el equipo de rodaje como "Emergo" (hasta figuraba en los créditos como tal, lo cual era una prueba de que la película no es que se tomara muy en serio a sí misma...) Este esqueleto, según aparece en el film, es capaz de provocar las risas del espectador. Y no, no os esperéis un esqueleto animado con gran maestría gracias a Harryhausen por medio de la técnica del stop-motion como aquel que salió en "Simbad y la Princesa", no... Este esqueleto estaba movido de la forma más simple: por medio de hilos, cual marioneta de los teleñecos (los cuales vemos clara y perfectamente). La escena en la que sale es, dicho de forma vulgar, un auténtico descojone. Y no sé qué me hizo más gracia, si su puesta en escena, su forma de moverse, o la forma en la que asesina a un personaje (con su poderoso empujón; nótese la ironía en lo de "poderoso").

Pero claro, Castle, a sabiendas de que esos efectos ya eran muy cutres para la época, decidió durante esa escena distraer al público. ¿Cómo? Fácil; en cada sala de cine introdujo una caja negra cerca de la pantalla, la cual se abría en el momento en el que el esqueleto hacía acto de presencia en pantalla, y de la cual emergía "Emergo" (de ahí el nombre), el cual era un esqueleto de tres metros de largo que estaba sujeto por unos cables, y que se ponía a volar por encima de las cabezas del público. Por entonces la gente era muy inocente, y estas cosas como que les introducían en un estado de delirio sin igual. De todas formas, este esqueleto tuvo que ser retirado de las salas de cine, ya que la gente le lanzaba de todo (desde palomitas hasta piedras) y, al final, lógicamente, acababa cayendo encima de la cabeza de algún espectador, causándole un auténtico y genuino chichón.

"Emergo planeando por encima de las cabezas de los espectadores. Fijaos en sus rostros de diversión... Perdón, quería decir de ¡¡TERROR ABSOLUTO!!"

En fin, muchos pensaréis que he hablado con más ganas de los métodos de William Castle para entretener y distraer al público que del film en sí... No lo voy a negar, el principal motivo por el que he decidido incluir a esta película en este ciclo de cine de terror es, más que nada, por encima del hecho de contar con Vincent Price y por encima de su importancia de cara a futuras producciones del subgénero (o fuera del subgénero, como el citado film de Hitchcock), por los delirantes métodos de Castle, por su forma de hacer del cine todo un espectáculo de feria. Y eso no es todo... Años después, ya en los 60, Castle creó el Precepto, un pequeño motor eléctrico instalado en la butaca que se activaba en el momento de mayor tensión del film, suministrándole al espectador una pequeña descarga eléctrica, seguida de un estruendoso rugido salido de los altavoces de la sala, haciendo, de esta forma, que el público entrara en un estado de locura (no literal, se entiende). Pero ese no fue el último truco del director, ni mucho menos... También hizo unas gafas en 3D (las típicas gafas en 3D de plástico rojo y azul), que formaban parte de un truco denominado "Illusion-O", por medio de las cuales el espectador veía fantasmas. Por el espectro azul no los veía y por el rojo, si éste se atrevía, los vería... ¡Qué miedo! (En realidad no).

"Emergo va a entrar esta noche en vuestras casas y os va a matar... ¡Temedle, temed a Emergo!"

Resumiendo: a Castle le interesaba hacer de esta, su segunda incursión en el género, un espectáculo en las salas de cine. ¿Guión? ¿Efectos especiales? Eso tan sólo era algo complementario a su idea inicial; la idea de que el público se lo pasara en la sala de cine como en un parque de atracciones o, mejor dicho, como en un circo...

En fin, todo un clásico del cine de terror... Una película que, aunque en su día ya fuese algo cutre, hoy en día pues es, directamente, la risa. El risón, diríase. Pero eso no impide que nos hagamos una idea de los sustos que dió en su época (a destacar la escena en la que aparece la vieja que no cambia de pose), ni tampoco que contemplemos esas altas dosis de ese sentido de la maravilla y de la inocencia que tenían muchas películas fantásticas de los años 50; películas de una época en la que el público era más inocente, en la que la gente no era tan insensible de cara a lo que veían en pantalla y en la que, consecuentemente, se asustaban con mucha, muchísima más facilidad que hoy en día.

Y si a la proyección de una película uno le sumaba la presencia de Emergo en el patio de butacas, pues uno ya tenía la fiesta montada en la sala de cine... Fiesta en la que las palomitas eran lanzadas por encima de las cabezas del público hacia el esqueleto, como si éste fuera una amenaza a batir, a la vez que en pantalla salía el bueno de Vincent Price, en el momento de mayor éxtasis por parte del público, moviendo al esquelético personaje por medio de una rudimentaria máquina como si nada... ¡Cielos, me hubiera encantado haber vivido por entonces y haber ido al estreno de este film...! ¡Habría sido realmente divertido! (Y algo digno de contar a los nietos en Halloween).

"Todos queremos a Emergo. Se dice que Vincent Price mantuvo una relación muy íntima con él durante el rodaje. Esta foto lo prueba"

Recomendada para pasar una hora y cuarto en compañía de gente ávida de pelis cutres y, a la vez, con cierto encanto añejo. Y si durante su visionado se cuenta con palomitas, patatas para picotear y unas cuantas cervezas, mejor que mejor... Y si, además, se cuenta con un esqueleto de mentira, como ese que seguro que todos hemos tenido en el aula de clase de biología, pues entonces ya...

2 comentarios:

Raül Calvo dijo...

Como dices, lo más interesante de los films de Castle eran los gimmicks con los que promocionaba sus pelis. Mi favorito es aquel en el que mientras el espectador veía la peli sufría descargas eléctricas en la butaca.

Produjo grandes títulos como La semilla del diablo, pero su carrera como director no es que sea demasiado destacable.

Roy D. Mustang dijo...

La verdad es que debió de ser una auténtica molestia el recibir una descarga eléctrica en medio de una peli de terror, jeje. (Como ya he dicho, algo digno de contar a los nietos. En Halloween, a poder ser).