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lunes, 2 de enero de 2012

La sombra de Frankenstein




Después del gran éxito de "La novia de Frankenstein", secuela directa del clásico cinematográfico de 1931 "El Doctor Frankenstein", la Universal decidió hacer una tercera parte sobre la criatura de Frankenstein, un monstruo creado en sus estudios que, al igual que otros tantos, como Drácula, la momia o el hombre lobo, pasó a formar parte del imaginario colectivo. "La sombra de Frankenstein" (título con el que se bautizó al film en su estreno en España, aunque recientemente una edición en DVD ha cambiado el título original por "El hijo de Frankenstein", más acorde con el original), como tercera parte, no reanuda los hechos poco tiempo después de "La novia de Frankenstein", como ésta hizo con su antecesora, sino que tiene lugar unos cuantos años después. De hecho, los directivos de la Universal vieron más apropiado que la historia se desarrollara en el presente de por aquel entonces, en los años 30. Eso sí, en una región europea que parecía estar anclada en la misma época en la que tuvieron lugar los hechos acontecidos en las dos películas anteriores.

En el papel protagonista estaría un grande del cine de terror que, por entonces, estaba dando sus primeros pasos dentro del género. Estoy hablando de Basil Rathbone, quien adoptaría el rol de hijo de Frankenstein. Boris Karloff repetiría en el papel de la criatura, papel gracias al cual dió el salto al estrellato a principios de esa década. Y esta vez, en compañía de Karloff, estaría Bela Lugosi interpretando a Ygor. Además, habría otros actores que encarnarían a personajes no menos carismáticos, como Lionel Atwill como el comisario Krogh. Un reparto de lujo que, ya de primeras, aumentó mi interés por el film de forma considerable.


Ficha técnica:

Título: La sombra de Frankenstein

Título original: Son of Frankenstein

Año: 1939

Duración: 99 min.

País: Estados Unidos

Director: Rowland V. Lee

Guión: Wyllis Cooper, Mary Shelley

Música: Frank Skinner

Fotografía: George Robinson

Reparto: Basil Rathbone, Boris Karloff, Bela Lugosi, Lionel Atwill, Josephine Hutchinson, Donnie Dunagan, Emma Dunn, Edgar Norton, Perry Ivins, Lawrence Grant, Lionel Belmore

Productora: Universal Pictures

Género: Terror. Ciencia ficción. / Monstruos. Secuela.


La historia nos presenta al hijo del fallecido Henry Frankenstein, Wolf Frankenstein (Basil Rathbone), quien viaja junto a su mujer y su hijo a la localidad, en Europa, en la que sus antepasados vivieron gran parte de su vida para reclamar sus derechos como heredero. Una vez allí, son recibidos por una turba de gente que no les reciben muy amistosamente, pues el padre de Wolf se granjeo muy mala fama, hasta el punto de que el pueblo es ignorado por el turismo y las localidades colindantes... Ya instalados en el antiguo hogar de los Frankenstein, Wolf conoce a Ygor (Bela Lugosi), el antiguo criado de su padre. Éste le desvela el experimento que condenó a Henry: la criatura de Frankenstein (Boris Karloff). En contra de todo lo que cabría esperar, este ser vivo continúa viviendo, aunque se halle en un estado semi comatoso tras recibir la descarga de un rayo, durante una tormenta. Ygor le pide al hijo de Henry que cure a la criatura, al hijo artificial de Henry... Por ende, el hijo natural de Frankenstein decide limpiar el nombre de su padre empezando por reanimar a la criatura, para después presentarla de cara a la sociedad no como un monstruo, sino como un gran avance científico a la hora de transplantar cerebros de un cuerpo moribundo a otro con vida. Desgraciadamente, Ygor tiene otros planes para con el monstruo...


Si en las dos primeras películas nos encontrábamos a James Whale al cargo de la dirección, en esta ocasión dicha labor recaería en Rowland V. Lee, director que ese mismo año aportó su granito de arena al género con "La torre de Londres", largometraje en el que también hacían acto de presencia Karloff y Basil Rathbone, además de un primerizo Vicent Price. En esta ocasión, Rowland decide darle una vuelta de tuerca a todo lo que Whale desarrolló en los anteriores films del monstruo, haciendo de éste un ser que es, literalmente, por sus actos, un monstruo. O, mejor dicho, una herramienta en manos de otra persona, una persona que, desgraciadamente, no es que sea trigo limpio, precisamente... Así, vemos al monstruo de Frankenstein obedeciendo la voluntad del despreciable Ygor, quien usa a la criatura de su antiguo amo como instrumento de venganza, matando, uno por uno, a todos los hombres que le condenaron a la horca años atrás... A pesar de que ahora el monstruo contara con un enorme abrigo de lana que reducía su impacto visual, sus actos, continuamente bajo el control de Ygor, resultaban ser impresionantes y, dicho sea de paso, ingeniosos (al menos, teniendo en cuenta su limitado intelecto). A la mente me viene esa escena en la que mata a un hombre que conduce un carromato para luego colocarle debajo de las ruedas del vehículo... De esta forma, atrás quedaba aquella criatura de naturaleza noble, incomprendida y perseguida. Aquí el monstruo actúa como si su naturaleza fuese acorde con la del cerebro del delincuente que, erróneamente, le implantaron.


Como decía antes de ponerme con la sinopsis, el reparto de "La sombra de Frankenstein" me pareció de lo más atrayente. Al fin y al cabo, teníamos, una vez más, una producción en la que Lugosi y Karloff volvían a coincidir; aunque este último, en esta ocasión, tuviese el rol de monstruo poco hablador, en lugar de repetir como aquel monstruo amistoso y con voz de tonto que vimos en "La novia de Frankenstein". ¿El motivo por el que parece haber perdido la capacidad del habla? Quizás por la explosión con la que concluía la segunda parte, o quizás por el golpe del rayo que describe Ygor, el caso es que no se sabe... De todas formas, el hecho de que no hable, tan sólo actúe, enfatiza su presencia como instrumento para matar en manos de Ygor. Una cosa está clara, y es que en "La sombra de Frankenstein", a diferencia de en las dos anteriores películas, en donde se profundizaba en la figura de ser vivo incomprendido del monstruo, el verdadero protagonista es el doctor que, en esta ocasión, le vuelve a dar vida: Wolf Frankenstein. Hasta Ygor tiene más protagonismo que el monstruo. Basil Rathbone como hijo de Henry logra superar a Colin Clive, actor que había hecho de doctor Frankenstein en los films de Whale. Rathbone no sólo se mete más en el papel de doctor Frankenstein, sino que su buen hacer como actor, al igual que el de Lionel Atwill como el comisario Korgh, hace que, junto con los demás actores, tengamos un reparto más que notable. Hasta vemos a otras caras conocidas, de otras producciones, de otras compañías, como el simpático mayordomo, que es el mismo que salía en "El hombre y el monstruo".


Mención aparte se merece el personaje de Lugosi, el perturbador Ygor, que aquí se presenta como el auténtico villano de la historia. En 1931, a este actor húngaro se le ofreció la posibilidad de hacer de monstruo de Frankenstein, cosa que rechazó, para su posterior arrepentimiento... En 1939, Lugosi se encontraba comenzando lo que, posteriormente, sería su total decadencia como actor, así que, sin trabajo, no le quedó otra que aceptar el papel del antiguo ayudante de Frankenstein. La verdad es que resulta sorprendente ver a este actor tan pulcro adoptando el rol de un jorobado de rostro horrible, sucio y de comportamiento despreciable, más si uno ha visto con anterioridad sus refinadas actuaciones como vampiro, como bien demostró en "Drácula" (su actuación más famosa y memorable). En un primer momento, no me di cuenta de que estaba ante el mismísimo Lugosi que hizo del vampiro más famoso de la historia del cine, pero pronto vi que era él, ya que sus ojos y expresiones faciales, por mucho que adoptara una pose encorbada y cambiara el tono de la voz, son únicas e inconfundibles. La verdad es que, teniendo en cuenta que Lugosi no estaba muy agusto con el papel, el caso es que lo borda. Una muestra más de lo buen actor que era, por mucho que las compañías empezaran a darle la espalda en pos de Karloff a partir de la década de los 40.


Los escenarios son, sencillamente, geniales. Sobre todo las propiedades de los Frankenstein, tanto la mansión en la que habitan como el laboratorio destruido. Tanto por fuera como por dentro, tenemos escenarios de fuerte influencia expresionista, con luces, sombras y claroscuros que se suceden a lo largo de todas las deformadas y amplias estancias, en las que parece haber una presencia constante de una dualidad inherente a todo lo que lleve de nombre Frankenstein. Sin duda, es ver los escenarios, y darme cuenta de dónde surgió la inspiración de directores de cine como Tim Burton o Mel Brooks. Éste último confesaba, directamente, que esta tercera parte de Frankenstein le influyó considerablemente a la hora de realizar, en los años 70, su adaptación en clave de comedia de la novela de Shelley, "El jovencito Frankenstein". Tan sólo hay que ver al personaje al que le falta un brazo, siendo este miembro sustituido por otro de mentira, entre otros elementos, aquí presentes, de los que se sirvió.



También es importante hablar de la duración del film, el cual sobrepasa la hora y media de metraje, siendo, por entonces, el primer largometraje producido por la Universal (a excepción del Drácula hispano) que superaba los 90 minutos de duración. Esto es, a la vez, algo bueno y algo malo, ya que tenemos la sensación de que algunas escenas se han alargado más de lo debido. Además, algunos conceptos aquí introducidos no se explotaron todo lo que se podrían haber explotado; aunque, posteriormente, en los años 50 y 60, los films de Frankenstein de la productora británica Hammer tomaron conceptos introducidos en "La sombra de Frankenstein" (como, por ejemplo, el hecho de tener como protagonista a un científico que ansía demostrar al mundo que sus inventos no son ninguna blasfemia fruto de una mente desquiciada, que el monstruo mate indiscriminadamente sin mucha complicación, etc.) para luego desarrollarlos, dando así lugar a una revitalización total del mito de Frankenstein.


En conclusión, una película que nada tiene que envidiar de sus antecesoras. Aunque, claro, bien es cierto que no llega a las altas cotas de calidad alcanzadas por "La novia de Frankenstein" (una película que, en mi opinión, es difícilmente superable sin caer en imitaciones o ligeras variaciones del original). Rowland V. Lee no lo tenía muy fácil, pues en esta ocasión no contaba con ninguna novela que adaptar, tan sólo con algunos personajes que la autora Mary Shelley inventó tiempo atrás. Al menos, contaba con dos actores que, a esas alturas, estaban más que curtidos en esto del cine de terror. Debido a un guión no muy pulido, que hacia el final resulta, por momentos, un tanto previsible, "La sombra de Frankenstein" se antoja algo inferior, al menos argumentalmente hablando, a los dos films de Whale. De todas formas, a mí, personalmente, me entretuvo lo suyo, y el clímax, aún a día de hoy, llega a ser incluso angustioso (no quiero ni pensar cómo sería de aquella). Una gran película que no sólo marcó el camino a seguir en posteriores largometrajes sobre Frankenstein, sino que también, a pesar de estar tan infravalorada, es un clásico imprescindible del cine de terror de la Universal de los años 30.

Valoración personal: 8/10.

3 comentarios:

Samantha Monaxia dijo...

Me ha sorprendido que dejaran atrás a actores en pos de otros. Si eso pasara ahora, no habría casi ningún actor en activo. Sí que hay algunos de moda, pero predomina un grupo amplio.

Tienes razón, los escenarios son geniales. La mansión parece sacada de unos dibujos. Como siempre, me encantan las fotos. Si hoy en día hicieran fotos como la de los personajes solos en primer plano, tendrían mil retoques.

Me ha recordado un poco a Mad Monster Party, por eso de dejar el legado del monstruo. En su tiempo quizá pareció una locura lo del transplante del cerebro, pero haber planteado eso era una genialidad.

Roy D. Mustang dijo...

Lo que no sabes es el motivo... Digamos que Lugosi le empezó a dar a ciertas drogas jeje.

Anónimo dijo...

Que pena que luego las secuelas no fueran tan buenas...