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martes, 24 de enero de 2012

El ladrón de cadáveres




La RKO, gracias a Val Lewton, productor de las películas de serie B que realizó la compañía, hizo que el cine de terror tomara un camino distinto respecto a los films de monstruos de la Universal, dando lugar a otro tipo de terror, menos explícito, más basado en la sugerencia. Obras maestras como "La mujer pantera" y "Yo anduve con un zombie" son un gran ejemplo de ello. Se podría decir que gracias a Lewton hubo grandes películas de terror durante los años 40.

En 1945, Lewton comenzó lo que fué una estrecha relación con el actor Boris Karloff, un peso pesado del cine de terror y, personalmente, uno de mis actores favoritos dentro del género. "El ladrón de cadáveres", film que adaptaría una novela de Robert Louis Stevenson (basada, en parte, en hechos reales), sería una nueva apuesta por parte de la compañía para atraer a un gran número de espectadores. Además, gozaría de una campaña publicitaria que, a diferencia de sus anteriores producciones, no sería, en absoluto, engañosa (salvo por la importancia que se le daba a cierto actor del que hablaré más adelante). En "El ladrón de cadáveres" el público sentiría terror, si es eso lo que buscaban... Prueba de ello es que, a día de hoy, algunas escenas, en cierta forma, más que seguir aterrorizando, sigan resultando perturbadoras.


Ficha técnica:

Título: El ladrón de cadáveres
Título original: The Body Snatcher

Año: 1945

Duración: 78 min.

País: Estados Unidos

Director: Robert Wise

Guión: Philip MacDonald & Val Lewton (Historia: Robert Louis Stevenson)

Música: Roy Webb

Fotografía: Robert De Grasse (B&W)

Reparto: Boris Karloff, Bela Lugosi, Henry Daniell, Edith Atwater, Russell Wade, Rita Corday, Sharyn Moffett, Donna Lee

Productora: RKO. Productor: Val Lewton

Género: Terror. Siglo XIX. / Serie B.

La historia se desarrola en el Edimburgo de 1831, teniendo como protagonista al joven Donal Fettes (Russell Wade), estudiante de medicina del respetado doctor Wolfe McFarlene (Henry Daniell). Sin embargo, lo que éste no sabe es que su profesor obtiene cadáveres (recién enterrados) con los que impartir clase a sus pupilos por medio de su cochero, de nombre John Gray (Boris Karloff). Desgraciadamente, tras el escándalo provocado en uno de sus robos, Gray ya no se puede acercar a los cementerios, por lo que decide cometer asesinatos y, así, seguir entregándole cadáveres a McFarlene para que éste le pague. Por supuesto, el doctor se niega en rotundo a este nuevo método, pero Gray le dice que o le paga, o  difundirá la complicidad que tiene con él...


Uno de los principales motivos por los que esta película ha envejecido tan bien (como los buenos vinos, diríase) es por la ejemplar ambientación. La atmósfera es lúgubre, oscura y opresiva; una atmósfera en la que, al igual que en "La mujer pantera", y a pesar de que el director fuese otro (en este caso, Robert Wise), se nota constantemente la presencia de Lewton, quien, además de ser el productor, escribió los guiones (bajo el pseudónimo de Carlos Keith) y colaboró activamente con el resto de los implicados en el proceso de elaboración de la cinta. Son bien conocidas por todos (o casi todos) las características propias de los films de Lewton en la RKO (que fueron nueve, estrenándose todos en los años 40); características que giraban en torno a una máxima por parte del productor: sugerir antes que mostrar. En este caso, ambientación, puesta en escena y efectos sonoros aparte, lo logra sirviéndose del personaje interpretado por Karloff.

A pesar de contar con un presupuesto mínimo para hacer las películas, es impresionante su buen hacer, sus métodos, los cuales hacían que el espectador se sientese como si estuviera viendo una superproducción como las que hizo la Universal, a principios de los años 30, en vez de un producto de serie B (que es lo que eran en realidad). En "El ladrón de cadáveres", sirviéndose de escenarios utilizados en anteriores films a los que plaga de claroscuros con una maestría sin igual, logra esa atmósfera opresiva tan ejemplar. Las calles de piedra, el cementerio, el sótano en donde los médicos aprenden a diseccionar un cadáver... Todos son escenarios impresionantes, efectivos, ante los que uno tiene la sensación de estar contemplando, perfectamente, cómo era el Edimburgo de principios del siglo XIX.


Como venía diciendo, la máxima de Lewton de "aterrorizar antes que mostrar" se logra gracias al personaje de Karloff, John Gray, un tipo que no resulta perturbador por su apariencia, sino por su forma de ser, por sus actos y, sobre todo, por su inquietante forma de expresarse. Lejos de ser un "Ygor" a la usanza, o sea, lejos de ser el típico sirviente descerebrado, Gray demuestra ser muy astuto; una alimaña muy astuta...

La principal prueba de que no nos perturbe solamente por su apariencia está al principio de la película, cuando este personaje se nos es presentado como un tipo amable y bienintencionado (aparentemente, se entiende), y no sentimos, en absoluto, inquietud hacia su presencia. De igual forma, se nos presenta al personaje para el que trabaja, el doctor Wolfe McFarlene, como una persona firme, decidida y segura de sí misma. Pero las apariencias son las apariencias, y hacia la mitad del film nos damos cuenta de cómo son ambos personajes en realidad: Gray, desde su posición de pobre desdichado, chantajea a Wolfe, a quien llama, en tono de burla, "Toddy". McFarlene odia que le llame así, ya que es consciente de que su, en teoría, herramienta, su sirviente y brazo ejecutor, en realidad le controla a él.

Gray disfruta torturando psicológicamente al prestigioso doctor, ya que, sabiendo que le tiene en su poder, siente, al menos por un momento, un placer derivado del hecho de sentir que no es un pobre más de los bajos fondos. Wolfe no puede hacer nada por remediarlo, ya que sabe que en el momento en que le deje de seguir la corriente a su cochero, Gray hablará con la policía, inculpándose tanto a él mismo como al doctor. Al fin y al cabo, Gray, a diferencia del hombre que le paga por el suministro de cadáveres, no tiene mucho que perder...


Es impresionante lo bien construidos que están todos los personajes, sobre todo el trío protagonista formado por Gray, McFarlene y el joven estudiante de éste, Donald Fettes. Tanto maestro como pupilo piensan que hacen lo correcto; uno porque pretende curar a una niña pequeña de su parálisis, y el otro porque necesita cadáveres con los que impartir clase; cadáveres que Gray les proporciona. El problema surge cuando Gray decide optar por cometer asesinatos ya que, como él mismo dirá, los cementerios ya no son lugares seguros para una hiena como él...

Se nota el hecho de que la historia está basada en una novela de Stevenson, ya que, al igual que sucedía en "El hombre y el monstruo" (adaptación cinematográfica de "El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde"), se produce una dualidad entre McFarlene y Gray, con la diferencia de que no son el mismo ser. En cierto modo, McFarlene tiene a Gray más que como una herramienta a su servicio, como una parte de sí mismo, una parte de la que, como podrá comprobar, es imposible librarse. Gray es el reflejo oscuro del alma de Wolfe, su otro yo; una herramienta por medio de la cual justifica sus actos, ya que, como él mismo piensa, si no se mancha las manos, se siente menos culpable.

En resumidas cuentas, son como las dos caras de la misma moneda, algo que la niña que aparece al principio de la historia, desde su inocencia, ve con claridad.

Por otra parte, el estudiante de McFarlene demuestra ser un tanto hipócrita, sobre todo a la hora de hablar, que no de actuar, pues piensa que su objetivo, al ser de naturaleza muy noble (realizar un transplante de columna vertebral de un cadáver al cuerpo de una niña que no puede andar), está justificado.


Por último, y ya que hablo sobre los personajes más importantes, no me puedo olvidar de Bela Lugosi. Sí, en efecto, Val Lewton decidió contar también con el famoso actor húngaro en el reparto; actor que, por entonces, se encontraba en lo más bajo de su carrera y no se llevaba especialmente bien con Karloff. Sin embargo, se ve que necesitaba el dinero, ya que no le quedó más remedio que aceptar el papel de Joseph, el auténtico y, al menos en un principio, leal sirviente de Wolfe.

A pesar de que su nombre, al igual que el de Karloff, apareciese en el cartel y en los créditos de apertura en letras grandes, esto tan sólo era una estratagema para que la gente, al ver dichos nombres, acudiera a las salas de cine esperando ver algún duelo interpretativo entre ambos actores, como los ya vistos en "Satanás" o "El cuervo". Cosa que no vieron, ya que, aquí, la aparición de Lugosi es poco más que un cameo, y su labor interpretativa es, claramente, inferior a la de Karloff.

"El ladrón de cadáveres" fue la última película en donde ambos actores aparecieron juntos en pantalla. Mientras que Karloff continuó participando en películas más que notables hasta su muerte, Bela Lugosi acabó colaborando, ya entrados los años 50, con Ed Wood, el considerado, por muchos, como peor director de la historia del cine. La escena en la que ambos personajes dialogan entre sí es un claro reflejo del futuro de ambos (con la diferencia de que fueron las drogas las que afectaron a Lugosi en la vida real, algo que, a largo plazo, es tan malo como el relacionarse con Gray).


En fin, llegados a este punto, tan sólo puedo recomendaros fervientemente esta película. No es lenta, en absoluto; al contrario, la hora y media apróximada que dura se pasa rápidamente. Además, tras contemplar el final (uno de los mejores finales del cine de terror clásico), a uno le entran ganas de volver a verla y reflexionar sobre ella, ya que las reflexiones sembradas por Robert Wise y Lewton a lo largo del metraje no son pocas, precisamente.

Cuando pretendo que alguien se vea algo de cine de terror clásico, lo que hago es recomendarle películas como "Freaks", "King Kong" o "La novia de Frankenstein"; pero, sin duda, tampoco me puedo olvidar de este peliculón. Para mí, esta es la mejor aportación al género durante los años 40 y, con diferencia, mi favorita del ciclo de cine de serie B de Val Lewton en la RKO. Si no habéis visto nada de cine de terror clásico, o en lo concerniente a este productor, bien podríais empezar por "El ladrón de cadáveres". A buen seguro que no os decepcionará (a no ser que busquéis gore, sangre, sustos y demás elementos tan usados en el cine de terror de hoy en día).


Divertida, compleja, bien hecha... Me quedo corto en adjetivos ante este film tan sobresaliente. Y es que, como suelo decir, Karloff es mucho Karloff. Y si le sumamos a un genio como Lewton y al futuro director de "West Side Story" (por citar un título de su extensa filmografía) dirigiendo su primer largometraje, tenemos una maravilla digna de la siguiente...:

Valoración personal: 10/10.

5 comentarios:

Javier Simpson dijo...

Guardo muy buen recuerdo de la peli. Intentaré conseguirla para grabarla.
Stevenson es una buena base. Está bien la comparación que haces con Dr Jekyll y Mr Hyde en la dualidad.
Está bien ver a Karloff y Lugosi en una peli, como cuando aparecieron juntos De Niro y Pacino en Heat, creo que ésta fue la primera vez…actores que sobresalieron en géneros similares y fueron iconos, verlos face to face siempre produce deleite :-D

Freaks y La novia de Frankenstein acojonantes, Roy.
Estupenda entrada, Roy

Raül Calvo dijo...

La última película de John Landis Burke & Hare se trata de una comedia negra que precisamente se basa en la historia real en la que también se basó Stevenson para su historia. Aunque no niego que esta película está bastante bien, para mí la obra cumbre de Robert Wise dentro del terror es La casa encantada, una peli que realmente da miedo.

Roy D. Mustang dijo...

Como para no guardar un grato recuerdo... La escena final es inolvidable.

Como suelo decir, Lugosi y Karloff fueron lo que luego serían Peter Cushin y Christopher Lee, en la Hammer. Con la diferencia de que en el caso de los actores ingleses ninguno de los dos acabaría tan mal como Lugosi...

Muchas gracias, me alegro que te haya gustado.

Roy D. Mustang dijo...

@Raül: ¿y qué me dices de Ultimátum a la Tierra? De lo mejor que nos ha dado la sci-fi, sin duda.

Por cierto, fe de erratas: por lo visto, esta no fue la primera película que dirigió Robert Wise. De hecho, su primera incursión dentro del género fue con la secuela de "La mujer pantera", titulada, en el original, "The Curse of the Cat People". Disculpen el error jeje.

Raül Calvo dijo...

Últimatum es otro clásico claro, yo me refería exclusivamente al género de terror. También me gustó la peli que hizo de Star Trek (aunque no ha mucha gente le gusta :D) y West Side Story, fuera del género.