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martes, 13 de diciembre de 2011

King Kong


Desde que inicié este ciclo de cine de terror en el blog, normalmente no me dejo llevar por ese tono personal que caracteriza a muchos de mis artículos, intentando hablar de las películas de las que hablo con un tono más o menos objetivo. Pero esta vez no me voy a controlar... "King Kong" es una película tan importante para mí... No, no la de Peter Jackson, que también está muy bien, ojo; sino la de 1933, la del gorila que parece un muñeco, como dicen algunos... A lo largo de la historia, ha habido películas que, pasen los años que pasen, siempre seguirán siendo obras maestras, y, cuantos más años pasan, en vez de envejecer, más queda demostrada esa calificación, además de ganar nuevos adeptos que, gracias a Dios, tienen a ese clásico como un ejemplo a seguir. "King Kong", al igual que otras obras maestras del cine, es una de esas películas.


Ficha técnica:

Título: King Kong

Título original: King Kong

Año: 1933

Duración: 100 min.

País: Estados Unidos

Director: Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack

Guión: James Ashmore Creelman & Ruth Rose (Idea: Edgar Wallace)

Música: Max Steiner

Fotografía: Eddie Linde, Vernon L. Walker, J.O. Taylor (B&W)

Reparto: Fay Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot, Noble Johnson, James Flavin, Sam Hardy, Frank Reicher

Productora: RKO Radio Pictures

Género: Fantástico. Terror. / Animales. Simios. Cine dentro del cine.

Llegados a este punto, ¿cómo puedo escribir un artículo que haga justicia a esta maravilla del séptimo arte? Pensándolo bien, escriba como lo escriba, ni de lejos le haría justicia, ya que "King Kong" es una película grande, muy grande... ¿De qué hablo, del argumento, que con el paso del tiempo se ha hecho tan famoso como una fábula popular? ¿De las características técnicas, de cómo se hizo? ¿O simplemente me dejo llevar y escribo lo que me venga a la mente? Bien, creo que empezaré por el argumento...


La historia comienza en Nueva York, con un director de cine, ávido de aventuras, llamado Carl Denham (Robert Armstrong), quien busca a una actriz que necesita urgentemente para su próxima filmación. En su búsqueda da con Ann Darrow (Fay Wray), una mujer, presa de la gran depresión, que, según el propio director, encajaría perfectamente en el papel que le tiene reservado. Tras explicarle rápidamente el plan, la chica acepta sin pensárselo mucho, partiendo rumbo junto al resto del equipo a un lugar exótico que no aparece en ningún mapa, tan sólo es una especie de leyenda de la que Denham tiene constancia. El lugar en sí es la Isla de la Calavera, una pequeña porción de Tierra rodeada por una espesa niebla y obstáculos marinos. A pesar de ello, y gracias a la experiencia del capitán del barco y del resto de su tripulación, de entre quienes destaca Jack Driscoll (Bruce Cabot), hombre que inició una prematura relación con la actriz durante el viaje, llegan a tierra sanos y salvos.

Desde el barco ven que en la isla hay un poblado al lado de un gran muro que lo separa de la selva, y en cuanto un grupo de hombres, entre quienes están el director Denham, Driscoll y Darrow, entran en el poblado, rápidamente se dan cuenta de que éste está habitado por una extraña tribu indígena que se encuentra realizando un extraño ritual, adornando con flores a una joven muchacha que no parece estar muy contenta. Desgraciadamente, la presencia de éstos hace que el ritual sea interrumpido, pero los nativos pronto se interesan por Ann Darrow, a quien quieren para ofrecérsela a una especie de dios, o rey, llamado Kong, que vive en la jungla. Por supuesto, Darrow y sus compañeros se niegan en rotundo, volviendo esa noche al barco, en donde unos nativos, quienes se habían acercado al lugar en canoa, secuestran a la pobre muchacha sin que nadie se dé cuenta.

Al cabo de un rato, los tripulantes se percatan de la desaparición de su único componente femenino a bordo, y la mayoría de éstos parten en su rescate. Mientras tanto, en el poblado, Darrow es atada en lo alto de un altar, al otro lado del muro, y, tras golpear varias veces un gong, aparece de entre los árboles de la selva el rey al que adoran todos los del lugar, el gran Kong, que es un gorila gigante. Kong parece encariñarse rápido de la humana, y se la lleva consigo, momento en el que llega el resto de la tripulación a su rescate, persiguiéndole a través de la jungla en donde vive, un lugar anclado en la prehistoria, un lugar, como pronto descubrirán, de pesadilla...


No debería de tener ni seis años cuando vi por primera vez esta película, siendo, así, de las primeras que vi en blanco y negro (que no la primera, eso lo recuerdo perfectamente). Muchas interpretaciones se han dado de esta película: que si King Kong es la unión, o representación física, de todos los malos sentimientos de los estadounidenses de esa época (recordemos que 1933 es una fecha muy cercana al crack de la bolsa de 1929), que si la historia en sí es una metáfora de como el hombre mancilla todo lo que le es ajeno, etc... Pero, de primeras, me gustaría mencionar lo que a mí me pareció por primera vez este film: una película de monstruos pegándose entre sí y, cómo no, una historia entre la bella y la bestia, título de una fábula que a lo largo del metraje mencionan, debido a su paralelismo con la historia, en más de una ocasión. De esta forma, "King Kong" es, con permiso de la producción de Disney de principios de los 90, la versión más popular de dicho mito, de dicho cuento. "King Kong" es pura fantasía, pura épica, pura magia...


Esto no es algo que me cueste afirmar, ya que, cuando uno es un crío de no más de seis años de edad, el ver en pantalla todo el espectáculo que ofrecen las imágenes de esta película, hace que uno quede, en cierta forma, marcado de por vida, marcado por la fantasía y el despliegue de imaginación que se muestra ante sus ojos. Una de las cosas que más me impresionaron, en su momento, fue cuando el gorila es llevado a la gran ciudad. Verle, primero, en un lugar tan distinto al mundo que me rodeaba, para, a continuación, verle en un lugar tan familiar como una gran ciudad (a pesar de tratarse del Nueva York de los años 30), me hizo maravillarme hasta tal punto que, durante años, me dio por imaginarme que a lo lejos, entre los edificios, aparecería un gorila gigante a lo King Kong, rugiendo como una fiera y aplastando todo a su paso.


Además, de crío me encantaban los dinosaurios (y me siguen encantando, no con la misma intensidad, pero bueno). Antes que "Godzilla" y "Parque Jurásico", mucho antes de rallar la cinta VHS que tenía del film de Spielberg, ya había rallado, de tanto usarla, la cinta en la que tenía grabado "King Kong". En esta producción dirigida por Cooper y Schoedsack no sólo aparecía el gran gorila como la principal estrella de la acción, sino que también aparecían "monstruos" de la naturaleza como un gran y feroz tiranosaurio (con quien Kong entabla el combate más mítico de toda la película), un diplodocus que, aparte de desplazarse por el fondo de un lago, devora a gente (impactante para los ojos de un niño pequeño, doy fe de ello), un pterodáctilo, una serpiente con patas, y demás bestiario prehistórico que irán a donde se encuentra el gorila para fastidiarle el día...


Ahora que, claro, el simio en cuestión se tiraba lo suyo en salir... Lo cual fue un acierto, haciendo que el momento en el que por fin se muestra resulte más jugoso para el espectador. La primera media hora de metraje sirve de presentación, para que el espectador se adapte a lo que está viendo. He de decir que, al igual que el remake de Peter Jackson del 2005 era largo para principios del siglo XXI, la duración de la película original era, igualmente, muy larga en comparación a otras producciones. Tan sólo había que compararla con algunas películas de terror de la época, de las cuales, una gran parte, no superaban la hora. "King Kong" era un film grande, como ya he dicho, y se permitía superar la hora y media, sin llegar a aburrir en ningún momento. Es más, se pasa rápido... Una vez el grupo de marineros se adentran en el interior de la jungla, los hechos se suceden en un increscendo que tendrá su trágico final en lo alto del edificio Empire State, en otro tipo de jungla, más urbana, en Nueva York, en la otra punta del mundo.


"King Kong" también estuvo sujeto a algunos recortes por culpa de la censura de la época, o, mejor dicho, de la censura que vino después, desapareciendo algunas escenas, como aquellas en las que Kong se zampa humanos, o esa otra en la que se pone a acariciar a Darrow mientras le quita la ropa y la huele. Además, hubo una escena que no se grabó en su día por lo impactante que resultaba: la del pozo de arañas. Curiosamente, Peter Jackson rodó esta escena basándose en bocetos o en diseños que había realizado Willis O' Brien, el principal artífice de todos los efectos especiales de "King Kong", y profesor del no menos grandioso Ray Harryhausen (quien no conozca a este último, por favor, que deje de leer y se ponga a ver "Jasón y los argonautas", por ejemplo). Además, la rodó de tal forma que pareciera estar hecha en 1933. En la versión de DVD posterior al 2005 esta escena se incluyó; por separado, por supuesto. Qué decir de ella, salvo que no me extraña que no se llegara a rodar... No me extraña porque es muy atroz. El ver como Kong, tras mover un gran tronco que sirve de puente, tira a un grupo de personas por un acantalidado, para que luego los pobres humanos sean devorados por bicharracos como arañas gigantes y abominaciones tentaculares pues como que...

"Este tío es Dios. Sí, es Willis O'Brien, con una de sus criaturitas"

"King Kong" es, a día de hoy, una película puramente de fantasía y de aventuras, que aboga por dicho espíritu aventurero. Dicho espíritu aventurero queda en constancia con tan sólo ver al personaje de Denham, un director de cine que, estoy seguro, Cooper y Schoedsack hicieron a su imajen y semejanza. Pero en su día, y qué demonios, aún a día de hoy, sigue siendo incluida, para sorpresa de muchos, en distintos ciclos de cine de terror. Esto es algo normal si se tiene en cuenta que el hecho de ver, allá a principios de los años 30, a un simio gigante y demás criaturas atacando a humanos, era, para muchos, algo terrorífico. Muchos quizás no comprendan dicho terror, pero yo, al verla de crío, si que lo comprendo perfectamente. Algunas escenas no sólo me ponían de los nervios, sino que me lo hacían pasar mal... Aún a día de hoy, unos veinte años después del primer visionado de la cinta, me acuerdo de ello y me estremezco viendo algunas escenas, sin dejar de maravillarme en ningún momento ante lo que estoy viendo. Ver "King Kong" es, al menos para mí, algo así como volver a la infancia, a cuando uno es más impresionable... A cuando uno no se fijaba en detalles nimios como que los monstruos que aquí salen parecen muñecos...


Una de las cosas que no soporto por parte de la gente que hoy en día se ve esta película es el hecho de que, nada más ver alguna escena, suelten el típico "ja, ja, qué cutre". En parte me parece algo gracioso, más que nada porque, si de una cosa estoy seguro, es de que los efectos especiales por ordenador con los que tantos de ellos disfrutan no envejecerán tan bien como lo han hecho los de "King Kong". Y es que no, no soporto que hoy en día en las películas se le de más importancia a los efectos especiales que a cualquier otra cosa, hasta el punto que lo que estoy viendo es como ver un cuadro sin contenido, por así decirlo. Bien es cierto que los efectos especiales sí que son importantes. De hecho, hay películas, como la presente, que no serían nada sin el brillante recurso de stop-motion con el que se anima a Kong y demás criaturas prehistóricas; pero, al menos, este efecto especial era usado, al igual que en otros films, como un complemento indispensable, no como algo que, más que ser algo adicional, llega a consumir a los demás elementos que forman el conjunto final de la película, siendo los efectos especiales el principal espectáculo, por encima de los personajes en sí. Eso es algo que no me parece bien... ¿Queréis un ejemplo de película en la que los efectos especiales son realmente impresionantes pero que el carisma de los personajes es prácticamente nulo? Bien, pues ahí tenéis "Avatar" o la aburrida tercera parte de "Piratas del Caribe".

Cuando hablo de los efectos especiales de "King Kong" no me refiero únicamente a la forma en que se animó a los muñecos, sino también a la forma en la que se superponían distintas láminas de imágenes, o a aquellos impresionantes fondos, los cuales conseguían sumirnos con efectividad en un mundo aparte, en una onírica selva. Para un mayor conocimiento de estos efectos, así como del proceso de rodaje, totalmente original y revolucionario por entonces, recomiendo encarecidamente adquirir la edición en DVD con dos discos, en la cual viene incluido, a modo de extra, un documental muy interesante del making off. O sea, del cómo se hizo. De una cosa estoy seguro, y esto puede que ya lo hayáis oído en relación a otras películas, y es que si no fuera por "King Kong", de 1933, hoy en día quizás no disfrutaríamos de películas de fantasía, llenas de efectos especiales. Sin "King Kong" no hubiésemos disfrutado de "Jasón y los argonautas", ni de "Parque Jurásico", ni de "El señor de los anillos", ni de blockbusters como "Avatar".


De todas formas, y puede que esto suene contradictorio con todo lo que he dicho en los últimos párrafos, no es, en absoluto, difícil el darse cuenta de que los efectos especiales tienen más de 70 años. Aunque, cuando uno se da cuenta de que se halla inmerso en la trama, gracias a su trepidante ritmo, queda bien claro que los efectos especiales no están por encima de lo que se nos cuenta. No estan por encima de la trama, ni de los personajes. No, no son más relevantes que ellos... Y si no, ahí está el hecho de que "King Kong" sea una película que, en vez de envejecer a mal, envejece a bien, como los buenos vinos. Por lo que estoy diciendo, parece que la única estrella del film es el gorila gigante que da título a la película, y en parte así es, ya que es el principal catalizador de los hechos. Lo bueno es que, a diferencia de otros films de terror de la época, aquí los personajes sí que son carismáticos, a pesar de contar con unos actores que, más allá de su trabajo en "King Kong", no es que hayan hecho algo realmente memorable. De entre todos ellos, destaca Fay Wray en su rol de Ann Darrow, convirtiéndose en la scream queen durante décadas gracias a sus gritos, prácticamente constantes desde el momento en el que aparece King Kong. No se puede decir lo mismo de los decorados del poblado, que tuvieron, posteriormente, un uso más importante que los actores, siendo usados para la escena del incendio en "Lo que el viento se llevó".


Mucha gente dice que "Ciudadano Kane" es la gran obra maestra del cine, una de las primeras, de hecho. Sí, sin duda es una gran película, pero "King Kong" no tiene nada que envidiar de ella, a pesar de ubicarse en un género completamente distinto (aunque, desde cierto punto de vista, similar, como muchas interpretaciones sociológicas del film han dejado claro). ¿Cómo decirlo? Impresionantes personajes, impresionante puesta en escena, impresionante ambientación, y, sin duda, magistral banda sonora a cargo de Max Steiner. ¡Y eso que el cine sonoro estaba dando sus primeros pasos! Teniendo esto último en cuenta, hasta cuesta creer que sea tan buena. Pero sí, lo es. Sin duda, la banda sonora de esta película me encanta y me fascina a partes iguales... Temas acordes con cada situación que, en conjunto, componen una banda sonora épica, tan épica como el film en sí...



Creo que ya he dejado muy clara la fascinación que siento por esta película, dejándome llevar por lo que siento por ella en numerosas ocasiones a lo largo de este artículo... Hay escenas que, a día de hoy, hacen que me estremezca. En especial dos: una es aquella en la que Kong, tras sortear los peligros de la selva, llega a su hogar, en lo alto de la montaña de la Isla de la Calavera, en donde se golpea el pecho fuertemente, a la par que ruge, como diciendo que es, efectivamente, el rey del lugar.


En contraposición a ésta, está la escena final, en lo alto del recién construido edificio Empire State, en donde Kong, a pesar de autoproclamarse el rey, es atacado por aviones. Al ser herido por una ráfaga de disparos, y al ver su propia sangre, es cuando se da cuenta de todo. Kong ya no es el rey, le han llevado a un lugar que no es el suyo, en donde no encaja, en donde es un bicho raro, un "freak" más, que sólo sirve para ser exhibido de cara al público como rareza de la naturaleza y, finalmente, entiende los sentimientos de su amada humana hacia él, a quien no quería físicamente, sino por lo pura que le parecía, por su esencia femenina...


De esta forma, es cuando no podemos evitar sentir lástima o empatía por él, a pesar de que a lo largo del metraje se nos haya mostrado a la criatura aplastando a humanos, descarrilando trenes, y demás barbaridades... sobre todo cuando vemos su último gesto, el cual, en vez de ser un ataque a los aviones, es un gesto amoroso hacia la muchacha que, en la ignorancia, al igual que el resto de los humanos, continúa con los ojos cerrados ante lo que está pasando. Es entonces cuando Kong, tras hacer que el público contemple una de las mejores escenas de la historia del cine, se deja caer desde lo alto del edificio. La última frase que escuchamos, en un segundo visionado, nos hará ver todo esto desde el punto de vista relatado, cuando Denham, delante del cadáver del gorila, dice: "No son los aviones quienes han destruido a la bestia. Ha sido la bella la que ha matado a la bestia".


Teniendo esa frase en cuenta, en siguientes visionados podemos ver como, en realidad, y, por supuesto, desde cierto punto de vista, los malos de la historia son los humanos. Kong vive felizmente en la jungla, pero los indígenas se empeñan, en sus creencias, en entregarle humanas, a lo que quizás le hayan acostumbrado desde tiempos inmemoriales. Luego, es secuestrado por los humanos, quienes deciden llevarle a Broadway para, una vez allí, ser exhibido como la octava maravilla del mundo ("La octava maravilla del mundo" o, simplemente, "La octava maravilla" iba a ser, en un principio, el título del film). Allí es atacado por una lluvia de flashes. Kong no comprende nada, es presa del pánico y, al igual que sus semejantes, los humanos, ataca a todo lo que no comprende. Finalmente, pierde en un terreno que no es el suyo, ya que los humanos no tenían nada que proteger, sólo tenían algo que rescatar... El progreso, la industrialización, ha vencido a la naturaleza.

En fin... El éxito que tuvo "King Kong" en su estreno la convirtió en un blockbuster de su tiempo, teniendo, ese mismo año, una secuela dirigida, únicamente, por el propio Schoedsack, "Son of Kong", la cual, por contar con poco tiempo y medios, no obtuvo los mismos resultados que su antecesora, tanto de crítica como de taquilla. Aún así, tenía cierto encanto. Años después, en 1949, Schoedsack realizó, de nuevo, una película basada en el mito de Kong, titulada "Mighty Joe Young", un acercamiento a un público más juvenil... En los años 60 el amigo Kong decidió darse un paseo por Tokyo en producciones delirantes y casposas de la compañía Toho que, a pesar de ello, de crío me flipaban, como "King Kong Vs. Godzilla" (en donde se enfrentaba al otro gran monstruo gigante del celuloide) o "King Kong Escapes" (en esta última aparecía un King Kong mecánico, tal cual). En 1976 llegó el turno de un remake de la original, ambientado en el Nueva York de los años 70. De pequeño me encantaba; ahora no. Dicho remake tuvo hasta una secuela en plenos años 80, titulada "King Kong Lives"... Por último, ya en el 2005, llegó el gran momento, cuando Peter Jackson, tras alcanzar gloria y fama gracias a su trilogía de "El señor de los anillos", estrenó el remake de una película que, como a tantos otros niños, le marcó durante su infancia. Su remake de "King Kong", a diferencia del que se hizo en los años 70, me encantó, y no me importaría hablar de él cuando llegue el momento. Se lo merece.


En fin, podría decir muchas más maravillas acerca de esta película, la cual emana por todas partes sentido de la maravilla, pura imaginación y creatividad; pero terminaré diciendo, simplemente, que es una obra maestra imperecedera, un punto y aparte en la historia del cine. Gracias a películas como esta me apasiona el cine, sin duda.

"King Kong es grande, muy grande"

Valoración personal: 10/10.

2 comentarios:

El Tipo de la Brocha dijo...

A mí también me encanta el Kong original. Es una gran película de aventuras y el mensaje no es cargante en absoluto.

Por otro lado, creo que el remake de Jackson ha sido muy injustamente criticado por motivos equivocados. Quedo a la espera de que hables de él, porque no hay muchos que digan que les gusta.

Roy D. Mustang dijo...

Mola, eso es que ud. tiene buen criterio.

Y sí, muy injustamente criticado... Hablaré de él, aunque aún queda mucho para que llegue al 2005.