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martes, 7 de febrero de 2017

Lecturas y visionados de Enero de 2017


LOS CÓMICS QUE HE LEÍDO

Tomie (Itō Junji kessaku-shū 1 Tomie 1 + Itō Junji kessaku-shū 2 Tomie 2, Junji Ito)



La obra con la que Junji Ito forjó su carrera como mangaka profesional. En Tomie asistimos a una sucesión de historias cortas autoconclusivas que sólo tienen un nexo en común: la presencia de una joven de gran belleza llamada Tomie, quien posee el poder de multiplicarse en una o más Tomies partiendo de miembros y partes de su cuerpo que le han sido amputadas. Al principio me sentía horrorizado leyendo este manga, pero llega un punto en el que tras ver tantas salvajadas e idas de pinzas del autor comencé a tomarme todo lo que leía a cachondeo, por lo que seguía leyendo con muchas ganas sólo para ver qué nueva ida de pinza protagonizada por Tomie se le había ocurrido a Junji Ito. En cierta forma, Tomie, más que un manga de terror, me pareció una comedia de terror similar a las películas de los años 80 que mezclaban terror y comedia, como Terroríficamente muertos (Evil Dead II, Sam Raimi, 1987); eso sí, una comedia de terror de lo más perturbadora, cabe añadir.

El muerto enfermo de amor (
Itō Junji kessaku-shū 4 Shibito no Koiwazurai, Junji Ito)



El muerto enfermo de amor es uno de los títulos de Junji Ito con mejor ambientación. Si pudiera resumirlo en una sola palabra, esa sería "niebla". La niebla que aparece cubriendo la pequeña ciudad en la que se ambienta este manga es tan sumamente densa que no tiene nada que envidiar a la niebla del videojuego Silent Hill. En El muerto enfermo de amor nos encontramos una historia que mezcla leyendas urbanas japonesas e investigación, y en la que Junji Ito, a diferencia de otras obras suyas, se muestra en cierto modo contenido. Al menos hasta el final, en el cual nos ofrece algunos de los momentos más demenciales y excesivos que ha dibujado. El muerto enfermo de amor no está entre mis mangas favoritos de Junji Ito, pero he de reconocer que a nivel narrativo y artístico es puro arte. Sin duda, uno de los títulos más trabajados de Ito.

Hellstar Remina (
Jigokusei Remina, Junji Ito)



En Hellstar Remina Junji Ito mezcla con suma maestría terror y ciencia ficción, algo similar a lo que sucede en películas como La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982), o Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979). Como en las mejores obras de ciencia ficción, Hellstar Remina no está exenta de crítica social, y es ese aspecto de la obra lo que me resultó más interesante. Es curioso ver cómo Ito nos muestra en Hellstar Remina una sociedad futurista, que parece haber alcanzado el culmen del progreso, pero luego nos desvela que en realidad la raza humana sigue igual de podrida que en épocas pasadas. Podemos resumir Hellstar Remina en dos palabras: "terror cósmico", un tipo de terror que tiene en el famoso escritor Howard Phillips Lovecraft su mejor representante. Sin duda, Lovecraft influyó a multitud de posteriores escritores, cineastas y artistas en general especializados en el género de terror, y Junji Ito no es ninguna excepción. Y qué mejor ejemplo de ello que esta obra.

Frankenstein (Itō Junji kessaku-shū 10 Frankenstein, Junji Ito)



Me habían dicho que esta era la mejor adaptación que se había hecho del personaje de Frankenstein, y cuando me lo dijeron pensé que quien me lo decía exageraba; pero no, en absoluto. Frankenstein de Junji Ito es, claramente, de los mejores mangas que he leído en mi vida. Una sorpresa inmensa. Ahora que quizás no esté siendo muy imparcial, ya que, como podréis comprobar entrando en el ciclo de cine clásico de terror de este blog, soy muy, muy fan del cine clásico de terror en general y de monstruos como Frankenstein en particular. La versión que nos ofrece Junji Ito del moderno Prometeo mezcla lo mejor de la novela original de Mary Shelley y lo mejor de las películas de la Universal y de la Hammer. 


La sensación que tuve leyendo Frankenstein era como la que tenía leyendo otros títulos de Junji Ito pero al mismo tiempo no. Me explico. Cuando uno piensa en Junji Ito automáticamente piensa en esas chicas delgadas y con el pelo liso, que parecen muñequitas de porcelana, o en esas viñetas que hacen que nos estremezcamos porque aluden a los miedos de nuestro subconsciente. En su lugar, en este manga la historia no está ambientada en diversas localizaciones de Japón, sino en países Europeos como Suiza y Alemania, y también tenemos a personajes que parecen salidos de películas de terror gótico, un tipo de terror que no tiene nada que ver con el modo en que los japoneses entienden el terror, ya que estos lo entienden de una forma más espiritual, sin gore y sin monstruos como Drácula, Jason Voorhees, etc. Aun así, el toque que caracteriza a los mangas de Junji Ito, la esencia de los mangas de este autor, está bien presente en esta obra de principio a fin. A la magnífica ambientación y a los personajes perfectamente definidos se les suma esa metáfora sobre cómo el ser humano juega a ser Dios creando un ser vivo al que luego abandona a su suerte, convirtiendo a dicho ser vivo en poco más que una criatura desamparada cuya existencia está destinada a estar llena de sufrimiento. 


Frankenstein, de Junji Ito, es una obra maestra. Recomendadísimo. Leedlo.

El diario gatuno de Junji Ito: Yon y Mû (Itou Junji no Neko Nikki: Yon & Mû, Junji Ito)


El diario gatuno de Junji Ito es, sin duda alguna, el título de Junji Ito menos Junji Ito. Y es que esta obra, lejos de ser de terror, como la inmensa mayoría de mangas de Ito, mezcla costumbrismo y humor, aunque, todo sea dicho, sus pizcas de terror también tiene. Junji Ito nos ofrece aquí una obra muy personal, en la que nos muestra cómo es su día a día en compañía de su mujer y, por supuesto, de sus dos gatos, Yon y Mû, los auténticos protagonistas de este manga. Un extra de lo más curioso dentro de la bibliografía de Junji Ito en el que se nos muestra tanto el lado positivo como el lado negativo de tener un gato como mascota.

Relatos terroríficos (Itō Junji kessaku-shū, Junji Ito)


Recopilación de historias cortas autoconclusivas de Junji Ito a cargo de la editorial ECC Ediciones. En varias entrevistas Junji Ito afirmaba que él se inspiraba en sucesos cotidianos para realizar sus historias, y en esta antología de relatos terroríficos podemos ver multitud de situaciones del día a día o que a muchos de nosotros nos resultarán familiares que derivan en situaciones terroríficas. Es ahí donde Junji Ito dio con la clave para hacer buenas historias de terror en los tiempos que corren. Y es que a día de hoy, a nadie le asusta ver seres sobrenaturales ni toneladas de gore, ni mucho menos monstruos como Drácula; hoy en día el verdadero terror (terror, no sustos) reside precisamente en lo cotidiano, en lo que tememos de nuestro día a día, en ese futuro incierto que nos depara la vida y en las cosas extrañas e inquietantes que vemos a diario e intentamos eludir.

Voces en la oscuridad (Yami no Koe + Shin Yami no Koe ~ Kaidan, Junji Ito)



Lo mismo que Relatos terroríficos. Una recopilación de historias autoconclusivas del maestro del terror japonés, esta vez a cargo de la editorial Tomodomo. Como está escrito en la solapa de la sobrecubierta del primer tomo, "en el terror se esconde la miseria humana, lo ridículo de nuestra existencia. Lo truculento, lo absurdo y lo surrealista se dan cita en esta serie de relatos". De entre todos estos relatos destacaría Glicérido, el cual cuenta con una de las atmósferas más agobiantes y desagradables que he visto en las páginas de un cómic.

LAS PELÍCULAS QUE HE VISTO

Elle (Paul Verhoeven, 2016)



Elle comienza con una violación. El comportamiento de la víctima tras ser violada es extraño, su rostro refleja una mezcla de frustración, resignación y pasividad, como si estuviera acostumbradísima al odio de sus semejantes tanto en el ambiente laboral como familiar. Y así es. Elle no es una película fácil de ver, por lo que cumple su objetivo de incomodar al espectador y, al mismo tiempo, transmitir un mensaje que, al menos en este primer visionado, no he conseguido captar del todo, aunque sí pude dilucidar la forma en que Verhoeven juzga la hipocresía de la clase media-alta, así como la pasmosa facilidad con la que muchos de nosotros juzgamos a los demás. Podríamos considerar a Elle como la película de Verhoeven (director de clásicos modernos como Robocop, Desafío total o Starship Troopers) menos Verhoeven. De hecho, esta película me recordó por por su estética y por su cinismo a las de Michael Haneke. He de decir que el visionado de la segunda mitad del film se me hizo bastante cuesta arriba, y no fueron pocas las veces que hice alguna pausa que otra durante su visionado. Quizás la vi el día inadecuado, con el estado de ánimo incorrecto. Eso sí, soberbia la interpretación de Isabelle Huppert. Es el principal punto fuerte del film. El personaje al que interpreta, llamado Michèle, en lugar de causar simpatía o pena, hace que el espectador se sienta incómodo ante ella, que piense que algo no funciona muy bien en su cabeza. O quizás sí. Quizás Michèle sea el único personaje justo en toda la película. El caso es que el espectador, movido por la curiosidad y por el morbo de querer comprender mejor a Michèle, no se separa de ella hasta el final (tampoco es que Verhoeven nos lo ponga fácil, puesto que centra la acción dramática en torno a Michèle en todo momento). Michèle es una mujer fría como un témpano. Y así me dejó la película. Bastante frío y, por qué no decirlo, bastante aburrido también. Aun así, me pareció una película más que decente, y objetivamente hablando no me pareció, ni de lejos, mediocre. ¿La volveré a ver? Posiblemente, ya que no he podido olvidarla fácilmente. Será por algo, escenas turbias y el personaje de Michèle aparte, como el hecho de que tras todo lo que aparece en pantalla se encuentra todo un autor como Verhoeven.

La centinela (The Sentinel, Michael Winner, 1977)



Un conocido me recomendó esta película calificándola como una de las más desagradables que había visto en su vida, y hacia el final de la película, en una de las escenas finales, me di cuenta de por qué me dijo eso, aunque más que miedo o desagrado yo lo que sentí fue lástima; lástima porque el director, Michael Winner, en lugar de usar técnicas de maquillaje (que por entonces estaban ya muy, muy avanzadas) optó por meter en dicha escena a gente con deformaciones físicas reales. Lejos de sentir miedo, yo sentía pena viendo a esas pobres personas caminando delante de la cámara alrededor de la aterrorizada protagonista. La centinela es una de esas muchas películas que surgieron a raíz del éxito que tuvo en 1973 El exorcista (The Exorcist, William Friedkin), en las cuales el terror tenía mucho que ver con la Iglesia Católica y el Demonio. Y he de decir que La centinela me pareció un film entretenido. De todos modos, ya sabía que iba a ser como mínimo un film entretenido en el momento en que apareció el logo de la Universal de finales de la década de los 70 y principios de los 80. Hasta la fecha, ninguna película que he visto con el logo de la Universal de aquellos años me ha aburrido, y así seguirá siendo hasta nuevo aviso. Una de las cosas que más me llamaron la atención de esta película fue el reparto, que mezcla grandes actores de la vieja escuela, como John Carradine, Eli Wallach y Ava Gardner, con actores que estaban apunto de triunfar en el mundo del cine, como Christopher Walken o Jeff Goldblum. Lo más curioso de La centinela es que a pesar de ser una película producida por uno de los grandes estudios cinematográficos tiene un aire a peli de terror de serie B riquísimo para los amantes de ese tipo de cine, entre los que servidor se incluye. Creo que lo que nunca olvidaré de esta película, perfecta para pasar el rato sin más, es el bigotillo del personaje de Chris Sarandon. Por Dios, ¡es hilarante!

Silencio (Silence, Martin Scorsese, 2016)



No podía faltar a la cita en el cine de una película de Martin Scorsese, uno de mis directores favoritos. Está clarísimo que Silencio no es, ni de lejos, Taxi Driver, una de mis diez películas favoritas, ni tampoco tiene nada que ver con las últimas películas del director, como Shutter Island, La invención de Hugo (Hugo) o El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street). Silencio está más cerca de otras películas de Scorsese como La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ) o Kundun, formando junto con estos dos títulos una especie de trilogía sobre la religión y la fe. A pesar de que la temática inicial me llamara poderosamente la atención (sólo hay que ver aquello a lo que me dedico para ver que no es ningún secreto lo mucho que me gusta Japón y su historia), he de decir que la película me dejó bastante indiferente. En parte esto se debe a que no soy una persona que cree en la religión católica, aunque, si uno se para a pensarlo, tampoco hace falta ser creyente, ya que Silencio trata sobre la fe de aquellos que son obligados a dejar de lado sus creencias en el Japón feudal y, siendo justos, hay que verla desde un punto de vista objetivo, aunque cueste. 


Creo que la película me dejó bastante indiferente por dos razones principalmente. Por un lado, en ningún momento tuve la sensación de que la acción dramática transcurriese en Japón. Esto no lo digo por el hecho de que la película no fuese filmada allí, ya que otras películas, como Enter the void (Gaspar Noé, 2009), fueron filmadas en otras partes del mundo y viéndolas me sentí como si hubiesen sido filmadas realmente en suelo japonés. El hecho de que tantos personajes japoneses, tanto de clase baja como de clase media, hablaran en inglés tampoco ayudaba a sentirme como si estuviese viendo una película ambientada en el Japón feudal. Dicho de otro modo, veía que la acción transcurría en Japón, pero no me podía olvidar del escenario donde se desarrollaba la acción, que no era Japón, sino Taiwán. Por otro lado, el reparto, Liam Neeson aparte, me chirrió. Andrew Garfield me parece un actor demasiado joven para interpretar al personaje que le fue asignado, y el maquillaje que le ponían para que aparentase más años a sus espaldas tampoco ayudaba... Y en cuanto a Adam Driver... Lo siento, pero cada vez que le veía no podía dejar de pensar en Kylo Ren, el villano al que interpretaba en el episodio VII de Star Wars y gracias al cual dio el salto al estrellato.


Silencio es un claro ejemplo de algo que suelo decir: a Scorsese cuando le sacan de sus malas calles se pierde. De todos modos, no estoy siendo muy imparcial en esta reseña. Esta es una película de Scorsese muy personal para el director (es más, llevaba décadas intentando adaptar la novela original de Shusaku Endo que adapta este film). El problema es que Silencio me parece una película demasiado personal. Tampoco me parece mal que Scorsese exprese su visión de la fe católica (por todos es sabido que antes de cineasta apunto estuvo de meterse a cura); pero el problema es que de tan personal que es esa visión, aquí Scorsese parece que a la hora de expresarse se olvida del espectador, y por eso a mí, como espectador, Silencio me parece una película pasable tirando a buena. Quizás el hecho de que el film toque una parte relevante de la historia de la relación entre Japón y Occidente hace que a fin de cuentas Silencio me parezca una película más que pasable. No me parece una mala película, pero sí una película olvidable. Cuando recuerde la filmografía de Scorsese, plagada de obras maestras, dudo que recuerde Silencio de buenas a primeras.

Viaje a Agartha (Hoshi o Ou Kodomo, Makoto Shinkai, 2011)



De todas las películas que he visto este mes, esta es la que menos me ha gustado. De Makoto Shinkai tan sólo había visto 5 Centímetros por Segundo (Byôsoku go Senchimêtoru), un film de una hora de duración compuesto por tres episodios autonclusivos. Visualmente, 5 Centímetros por Segundo me pareció una auténtica delicia, aunque el guión no fuese nada del otro mundo ni mucho menos... Viaje a Agartha es agradable de ver en sus primeros minutos de metraje, pero a cada minuto que pasa la película se vuelve más y más aburrida. En Viaje a Agartha Makoto Shinkai parece querer ser Hayao Miyazaki pero no lo consigue, quedándose en un intento; pero el problema es que no deja de intentarlo durante toda la película. Numerosas escenas recuerdan a varias películas de Miyazaki, en especial a Nausicaä del Valle del Viento (Kaze no Tani no Naushika) y El castillo en el cielo (Tenkū no Shiro Rapyuta). De hecho, uno de los personajes que persiguen a la protagonista de esta película se parece muchísimo físicamente a Muska, de El castillo en el cielo. Viaje a Agartha es una película aburrida, mucho, en la que Shinkai da palos de ciego intentando ser Miyazaki, y dudo que la vuelva a ver, ya que antes que volver a verla prefiero revisar por enésima vez los citados films del maestro Miyazaki. Aun así, aún tengo pendientes por ver otros títulos de Makoto Shinkai, como El jardín de las palabras (Kotonoha no Niwa) y Your Name (Kimi no na wa), de la cual me han hablado auténticas maravillas y muchos la califican sin dudar como una obra maestra. Espero que lo sea. 

Shin Godzilla (Shin Gojira, 2016)



Godzilla es Japón. Así de claro. Como decía James Rolfe, de Cinemassacre, uno puede tomar champán en América, pero mientras no lo haga en Francia, no estará tomando auténtico champán. Un ejemplo similar suelo poner yo con la comida japonesa. Si uno come ramen en un restaurante japonés en España, y luego va a Japón y toma ramen, lo más seguro es que le sepa diferente, sin los condimentos que le echan en España a este plato. Todo esto es aplicable a Godzilla. Por muchas películas protagonizadas por el rey de los monstruos que se hagan en Occidente, jamás van a saber conservar la auténtica esencia que sí tienen las películas japonesas de Godzilla. Una esencia 100% nipona. Y es que, repito, Godzilla es Japón. Es Japón en el sentido de que este personaje es todo un icono cultural en el país del sol naciente; por tanto, ¿quién mejor que los propios nipones a la hora de hacer una nueva película de este icono? 

Shin Godzilla funciona como reinicio de la franquicia a la par que como remake adaptado a la actualidad de la película original, Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo (Gojira, Ishirô Honda). En Shin Godzilla nos encontramos algunas de las paranoias propias de su guionista y cocreador, Hideaki Anno, artífice del popular anime de culto Neon Genesis Evangelion, serie con la que esta película comparte más de un punto en común, como la banda sonora, muy similar a la de Evangelion, o la presencia de Godzilla como si este fuera uno de los ángeles de dicho anime. Si sumamos los minutos de las escenas en las que aparece Godzilla, el resultado no supera un tercio del total de minutos de metraje de la película; pero eso, lejos de ser un inconveniente, es un acierto, ya que así las escenas en las que Godzilla entra en escena resultan más impactantes que si estuviera apareciendo continuamente. Podríamos resumir la película en una sola frase: Godzilla Vs. Burocracia japonesa. La mejor película que he visto este mes, sin duda. Una lástima que su distribución en cines en España haya sido tan limitada. Pero bueno, es comprensible, no es una película hecha para todo el mundo. Demasiado japonesa para el paladar del público casual.

La tortuga roja (La tortue rouge, Michael Dudok de Wit, 2016)





Paz. Eso es lo que sentí viendo esta obra minimalista y de una calidad más que notable realizada con sumo mimo por Michael Dudok de Wit, un director que respeta el arte y que en este, su primer largometraje, ha demostrado poseer una gran sensibilidad. Viendo esta película me sentía como el naúfrago protagonista, como si hubiera sido transportado a un lugar aislado del resto del mundo. Esa es la magia de esta obra de arte. En La tortuga roja se mezcla lo real con lo onírico a través de escenas de gran simbolismo, las cuales tratan sobre la vida y la relación del hombre con la naturaleza. La tortuga roja es una auténtica delicatessen cinematográfica que ha de ser vista en el estado de ánimo correcto, y que a buen seguro se quedará en el poso de la mente del espectador desarrollándose a mejor. 

LAS SERIES QUE HE VISTO

Ginga Nagareboshi Gin (Tomoharu Katsumata, Nobutaka Nishizawa, 1986)



Supe de la existencia de este anime a raíz de un listado en la web Mision Tokyo en el que se comentaban brevemente los 10 mejores mangas inéditos de la Shônen Jump del siglo XX. El hecho de que este manga fuese más popular en países del norte de Europa  que Dragon Ball en España, sumado a que reconocidos mangakas como Takeshi Obata lo consideran como uno de sus mangas favoritos, hizo que me llamara poderosamente la atención. Desgraciadamente, a estas alturas ver un manga de estas características publicado en España es algo totalmente inviable, por lo que vi la adaptación a anime subtitulada en español por un fansub. Ginga Nagareboshi Gin es una serie hija de su tiempo, superochentera, con todos los tópicos del Shônen manga de los años 80. Hombres muy hombres (que aquí son sustituidos por perros), un protagonista que tiene un objetivo en mente y que, como sucede en todos los Shônen, termina cumpliéndolo gracias a su esfuerzo, valentía y perseverancia, además de su insólita facilidad a la hora de aprender técnicas secretas. Por supuesto tampoco faltan el compañerismo, el padre desaparecido del prota (con el que, por supuesto, se termina reencontrando), un enemigo prácticamente imbatible en forma de oso que quiere crear un imperio en las montañas y, faltaría más, las manly tears. Resumiendo, Ginga Nagareboshi Gin es como Hokuto no Ken pero con perros. Un anime que da lo que promete y que cuenta con todos los tópicos del Shônen manga de los años 80 habidos y por haber; tópicos que o los coges o los dejas. Eso sí, los seis primeros capítulos de la serie son oro y se desmarcan por completo del resto. No es un anime que recomendaría a cualquiera, pero los seis primeros episodios me parecen realmente buenos.

Panty & Stocking with Garterbelt (Hiroyuki Imaishi, 2010)



Panty & Stocking es arte en estado puro. A cargo de animadores del estudio GAINAX con mucha experiencia a sus espaldas, Panty & Stocking es un anime único en su especie. Tiene la estética de Las Supernenas (The Powerpuff Girls), la irreverencia de series como El show de Ren y Stimpy (The Ren & Stimpy Show) y los convencionalismos del anime japonés más loco. Y eso es Panty & Stocking, un cóctel explosivo que da lugar a una de las locuras audiovisuales más disfrutables que he visto en pantalla. Personajes con mucho carisma, referencias a la cultura pop que van más allá del simple chiste referencial y una banda sonora plagada de temas pegadizos hacen de Panty & Stocking un anime sencillamente genial.

2 comentarios:

eter dijo...

Por partes...

Ito no terminó de fascinarme con Uzumaki, partes muy buenas y partes... demasiado raras, pero leyéndote estos meses por twitter has conseguido que vuelva a picarme un poco el gusanillo de leerlo... al menos Frankenstein.

Elle y Silencio me da perece verlas, parecen, como dices, películas demasiado personales. Con viaje a Agartha me pasa algo parecido, no soy muy fan de Shinkai, siempre he pensado que es más un director de fotografía que un director.

La de la Tortugra roja a ver si me animo a verla algún día, como la nueva Godzilla, a la que le tengo bastantes ganas XD

Ginga Nagareboshi me sonaba sólo de nombre... ahora la has puesto en mi lista de pendientes de ver XD

Roy D. Mustang dijo...

eter: teniendo en cuenta tu comentario, creo que Frankenstein es la obra de Ito que mejor se adapta a lo que buscas.

Yo te animo a ver Elle y Silencio, quizás tú conectes mejor con ellas que yo.

En cuanto a La tortuga roja, Shin Godzilla y Ginga Nagareboshi Gin... Ya tardas xD. Aunque de Ginga te recomiendo los seis primeros capítulos, el resto... ya sabes lo que te puedes esperar teniendo en cuenta que es algo así como Hokuto no Ken pero con perros.