ATENCIÓN, AVISO PARA HISPANOHABLANTES: RECOMIENDO ENCARECIDAMENTE VER LAS PELÍCULAS Y SERIES AQUÍ RESEÑADAS EN VERSIÓN ORIGINAL SUBTITULADA EN ESPAÑOL (V.O.S.E.)

viernes, 29 de abril de 2011

La fiebre Pokémon


¿Hace unos diez u once años Ud. tuvo síntomas de jugar demasiadas horas a un juego de Game Boy llamado Pokémon? ¿No se perdía ni un solo capítulo de la serie de dibujos? ¿Hablaba largo y tendido con sus compañeros de aula sobre sus aventuras pixeladas en ese mundo lleno de criaturas no menos pixeladas que los escenarios, asi como de la citada serie de animación? ¿Incluso compraba de forma impulsiva tazos y cromos, además de algún que otro peluche o merchandising? Si Ud. tuvo estos síntomas, padeció lo que se denominó en su día como fiebre Pokémon, una curiosa "enfermedad" benigna siempre que uno tuviese dos dedos de frente que se tornaba en obsesión, la cual desembarcó en Europa y consecuentemente en mi país, en España, tras propagarse en países como EEUU y en su país de origen, Japón.


En fin, a veces pienso que es imposible que una persona a la que le gustan los videojuegos, aunque sea lo más mínimo, no haya jugado a Pokémon. Incluso hizo que mucha gente tuviese su primer contacto con los videojuegos, siendo la Game Boy y Pokémon su primera consola y videojuego, respectivamente... A no ser que a uno Pokémon ya le pillara a una edad bastante avanzada, lo que si esta claro es que toda persona nacida a finales de los 80 o principios de los 90 tendía a caer en esta fiebre (que no enfermedad). Solía ser primero por curiosidad, movido por el éxito que producía este videojuego en los de su alrededor, y luego caía en ese mundillo de "monstruos de bolsillo" para no salir de el hasta pasado un año o dos. Si, era como una droga, en cuanto uno lo probaba o cuanto más jugaba, podía convertirse en un yonki de los Pokémon hasta límites insospechados...
"Tazos de Pokémon, o como darse cuenta por medio de lo material de que tienes fiebre Pokémon"

Pokémon, la gallina de los huevos de oro de Nintendo en los 90

Ponerme a hablar de Pokémon sería algo bastante absurdo, ya que como ya he dicho que a alguien le gusten los videojuegos y que no haya jugado o, como mínimo, sepa y en qué consiste Pokémon es algo bastante extraño y único, he de añadir... Aparte que todos los que tuvimos fiebre Pokémon sabemos cuanto molan... Pero en este blog independientemente de lo que reseño, sea o no popular, hablo en todos los artículos igual, como si los que me leyeran desconocieran lo que reseño... Con Pokémon creo que haré una excepción, hablando por encima de los orígenes de la saga y centrándome en su éxito, mencionando superficialmente en qué consistían los juegos y tal, para terminar contando de forma anecdótica como viví el éxito de este superventas de Nintendo. En fin, para hablar de los orígenes de la saga, hay que remontarse a 1996, una época en la que la Game Boy, mítica consola portátil de Nintendo donde las halla, llevaba un buen tiempo sin tener ningún juegazo en su catálogo. Cierto es que había tenido grandes juegos en el pasado como el Super Mario Land, Wario Land, el igual de mítico que los anteriores Zelda: Link's Awakening, o incluso el no menos popular Tetris. Sin embargo, en 1996 la calidad y altas ventas de juegos que salían en Game Boy era prácticamente desértica en comparación con años anteriores. Por ende, Pokémon se presentaba en esa época como un oasis entre tanta escasez de títulos de éxito. Y menudo oasis, ya que Nintendo no tardó en convertirlo en su gallina de los huevos de oro al comprobar las altas ventas que tuvieron los primeros juegos relacionados con su futura franquicia generadora de millones: Pokémon edición Verde y Pokémon edición Roja.
Posteriormente y debido al éxito obtenido, incluso sacaron la edición Azul, que era exactamente la misma que la Verde pero con sprites mejorados. El éxito sin precedentes de esta saga radicaba en varios elementos que la hacían grande. Lo primero, el diseño carismático y a la par entrañable de los 150 Pokémon llamaba la atención de la gente. Segundo, el juego, que era un rpg japonés de los que tanto triunfan en dicho país, incorporaba novedades respecto a antecesores del mismo género, novedades que eran el verdadero punto fuerte. La novedad principal consistía en que en los combates con distintos monstruos o, mejor dicho, Pokémon (contracción de Pocket Monsters o monstruos de bolsillo, por lo de pertenecer a la consola "de bolsillo" Game Boy y tal), podíamos capturarles y entrenarles tras debilitarles en combate, haciendo que dichos monstruos fuesen los verdaderos protagonistas de la historia. Podíamos formar con ellos un equipo de no más de seis Pokémon que era lo que se nos permitía llevar encima, del cual cada Pokémon iba ganando experiencia tras cada combate y aumentando de nivel a la par que los distintos Pokémon, cada uno con sus respectivas habilidades naturales, aprendían ataques a cada cual más poderoso o útil que el anterior.
"Las peleas entre mascotas son legales en el mundo de Pokémon, asi como que los chavales no vayan a la escuela a no ser que sea para aprender de Pokémon, entre otras muchas más maravillas..."

Y tercero, y lo que fue en verdad el verdadero éxito del juego, el conocido cable Game Link de Nintendo. En tiempos en donde no existía el wi-fi y demases conexiones inalámbricas entre consolas portátiles, este cable era la solución para poder conectar dos consolas Game Boy y poder jugar en modo dos jugadores a algunos juegos. En Pokémon había dos versiones, Roja y Azul, y la diferencia radicaba principalmente en que había 11 Pokémon que una edición tenía y la otra no.
"Los exclusivos de la edición Azul"

"Los exclusivos de la edición Roja"

Para hacerse con todos como rezaba la coletilla del título, teníamos que intercambiar Pokémon con los de otro jugador que tuviese una versión distinta a la nuestra, para así tener los 150 Pokémon y ser un auténtico maestro Pokémon, lo cual para un crío era algo con lo que sentirse realmente realizado. Incluso había algunos Pokémon, unos cuatro o así, que evolucionaban tras ser intercambiados. Ah, ¿he dicho evolucionar? Otro punto fuerte del juego era que los Pokémon, al alcanzar cierto nivel de experiencia en combates, evolucionaban en criaturas más poderosas, siendo el límite de la evolución una tercera y poderosa forma. Parecerá anticuado lo del tema del cable y tal, el tener que jugar con alguien al lado ya que el cable no era de extensión kilométrica y todo eso, pero para la época uno no se imaginaba el jugar de forma inalámbrica; de hecho, en cuanto a conexiones inalámbricas en otros soportes Internet era algo que muy pocos tenían y el wi-fi creo que directamente ni existía, asi que el cable Game Link era algo realmente atractivo para una consola portátil como la Game Boy.
"El cable en cuestión"

El éxito le sonrió de sobremanera a Nintendo, vendiendo una cantidad descomunal de unidades (que ahora mismo desconozco el número, pero lo resumo en diciendo que fueron un porrón de juegos vendidos...) Poco después del éxito inicial, en 1997, se comenzó a emitir la adaptación a anime del videojuego, en la que el protagonista anónimo del juego (ya que nosotros le poníamos el nombre) se llamaba Ash Ketchum, y el primer Pokémon que tendría a diferencia de los que se nos daba a elegir en el juego era un Pikachu. Este Pokémon con etimología de ratón, el número 25 en el videojuego, se convirtió en el auténtico representante y mascota de la franquicia, apareciendo casi siempre (por no decir siempre) en imágenes promocionales o en distintos productos relacionados con la misma. Y digo franquicia porque si Pokémon tuvo una adaptación animada, también tuvo multitud de juegos que pretendían igualar en éxito a las entregas originales o al menos amasar un poco más de fortuna, como el Pokémon Trading Card Game o el Pokémon Stadium de Nintendo 64, en este último podíamos combatir en impecables 3D (vale, hoy en día algo desfasados pero en la época molaban mogollón) con los Pokémon que teníamos en nuestra Game Boy gracias a un dispositivo llamado Transfer Pak. Pero el éxito definitivo se produjo cuando el juego llegó a fronteras estadounidenses primero en 1998, y a fronteras europeas después, en 1999, sembrando un éxito que nada tenía que envidiar del que tuvo en Japón.
"Pokémon Pinball. No, no es Pokexploitation. Pero se parece"

Fue ya en 1999 (aunque en Europa tuvimos que esperar hasta el 2001) cuando llegó una esperada segunda parte de Pokémon, con 100 nuevas criaturas y un nuevo mundo que explorar, a la par que se añadían nuevas novedades como la guardería y el sistema de crianza de Pokémon, entre otras cosas como el reloj. Sin duda, todo un éxito que tras esta segunda entrega comenzó a descender, fuese por los diseños de los nuevos Pokémon, que la saga se estancase básicamente con la misma mecánica, que cada vez tenga una estética más infantil, o que el anime no ayude a aumentar las ventas de los videojuegos en los que se basa debido a su baja calidad argumental (de hecho tan sólo los primeros capítulos molaban algo...)
"Ash en el juego, más conocido como Red"

"Ash en el anime. Ains, pero que puño en la cara tienen..."

Como viví la fiebre Pokémon

Pasando a lo personal, y motivo principal por el que me he decidido a hacer este artículo, comentaré como me afectó la fiebre Pokémon, fiebre sana que compartía con otros compañeros (por llamarles de alguna forma) que a saber qué ha sido de ellos. Era 1999, y yo como Nintendero de toda la vida compraba la Nintendo Acción, revista especializada en, como el nombre indica, videojuegos de las consolas de Nintendo, que en esa época eran la Game Boy y la Nintendo 64, ambas consolas que tenía y de las cuales daba buen (excesivo) uso. Nunca había jugado a un rpg con vistas aéreas salvo a los Zelda o en algún momento puntual a juegos como el mítico Illusion of Time y el Terranigma de la Super Nintendo, por lo que al ver las primeras imágenes de Pokémon en alguna corta preview no es que la cosa me llamara bastante la atención precisamente... Poco después (creo) vi por primera vez en la tele al odiado Pikachu, Pokémon que con sólo verle pensé algo que un chaval preadolescente piensa a menudo: "que infantil". Lo curioso era que salía en las noticias, las cuales decían que un capítulo de ese anime había producido ataques epilépticos en Japón (si, el capítulo de Porygon, en el que la veloz alternación entre unas luces de colores rojas y azules provocaron dichos ataques en niños japoneses, haciendo que los medios y la gente poco informada difamaran más a todos los animes en general). Con una noticia así de surrealista me quedé flipando, y es que ya sabía que los animes japoneses eran todo un espectáculo de luces y fuegos artificiales; sólo había que ver un capítulo de Dragon Ball para ver como la pantalla se llenaba de luces brillantes impactando entre sí, pero que dichas luces provocaran epilepsia era algo que... En fin, el momento en el que me comencé a interesar o, mejor dicho a prestar cierta atención a los Pokémon fue cuando en la revista Nintendo Acción publicaron un extenso artículo en el que hablaban de Pokémon de una forma parecida (de hecho me he basado en ella) a la que lo he hecho unas líneas más arriba, explicando el origen de la saga, en que consitían los juegos superficialmente hablando, y mencionando el éxito sin igual del juego, a la par que lo acompañaban con alguna que otra imágen de la adaptación animada y de algún Pokémon molón como Bulbasaur. Y claro, para un chaval como el que era que un producto tuviese su adaptación de dibujos japoneses era algo que debería molar si o si, sin más. Y el ver como hasta un avión japonés estaba pintado con imágenes de Pokémon me hacía pensar que a finales de ese mismo año llegaría al viejo continente algo grande, muy grande... He de decir que según la wikipedia, Pokémon llegó a Europa en Mayo de 1999, pero si mal no recuerdo llegó aquí a España a finales de ese mismo año...

Pues bien, llegó Diciembre, y con las navidades cayó la edición Azul del juego y comenzó a emitirse el anime por las tardes en Telecinco (benditas tardes de los noventa en Telecinco... Entre los Power Rangers primero y Pokémon después... La tele ya no es lo que era...) En 1999 tenía ya unos 13 años... Si, soy de esos fans de Pokémon nacidos a finales de los 80 que formaban una especie de resistencia, y digo resistencia porque en el Instituto, en la E.S.O. concretamente, decir que te gustaba Pokémon equivalía a convertirte en una posible víctima por parte de tus "maduros" compañeros, quienes curiosamente se burlaban o incluso desprestigiaban en lo personal a una persona sólo por el simple hecho de que le gustara Pokémon. Lo curioso era que, independientemente de lo que pensaran acerca de mi persona los compañeros de mi clase (por llamarles de alguna forma), muchos acudían a mí en secreto para que les intercambiara tal o cual Pokémon. A continuación hablaré de unas experiencias personales bastante curiosas...

La primera, a principios del 2000 ya, cuando estaba cursando segundo de la E.S.O., fue cuando uno de los de mi clase se enteró de que me gustaba Pokémon, y el chaval, consciente de que tenía todos los Pokémon que uno puede conseguir en la edición Azul, me pidió quedar un viernes para intercambiar con él Pokémon. Lo curioso llegó esa tarde, cuando íbamos por la calle y el chaval estaba muy alerta por si nos veían juntos algunos de los de nuestra clase o instituto, ya que claro, juntarse con alguien al que le gustara Pokémon a una edad tan avanzada y adulta como los 13 años era visto en mi instituto como sígno de inmadurez total... En fin, pues al caso, dicho coleguilla iba tan alerta que fue escuchar a lo lejos a unos de nuestra clase mencionar mi nombre, que de un empujón me apartó de su lado yéndose por otra calle paralela a la mía mientras me decía: "¡te espero en tu portal!" Al llegar a mi casa, allí estaba el personaje, esperándome con una sonrisa ya que el muy capullo sabía que le iba a intercambiar Pokémon a pesar de renegar de mí y de Pokémon de cara a los demás... Porque claro, uno cuando tiene 13 años le gusta juntarse con el más gallito (tonto) de la clase, con el típico "ligón" de la clase que triunfa en el equipo de rugby o flipado que cada finde dice hacerse con cincuenta tias, vamos. Si, el que en muchos casos cuando está cerca de los 20 ya se ha convertido en un auténtico fracaso de persona, ese mismo. Bien, había un truco que consistía en clonar Pokémon, de tal forma que yo pudiese tener su atractivo Charizard de nivel 100 sin necesidad de partir de un Charmander, asi que decidimos transformar uno de mis Pidgeys de nivel 2 en un sugerente Charizard de máximo nivel (las estrellas de la clonación Pokémon siempre eran un Pidgey o un Rattata de ese nivel, auténticas estrellas o, y nunca mejor dicho, ratones de laboratorio de la clonación Pokémon). Por desgracia, algo salió mal, el experimento fracasó rotundamente, y su queridísimo Charizard de nivel 100 pasó a ser... Un simple Pidgey de nivel 2... Je, je... (Lo siento, pero dicho recuerdo es bastante hilarante). El chaval, al ver en la mierda en que se había convertido su superpoderoso Pokémon me armó la de dios en mi propia casa, parecía que incluso me iba a agredir de un momento a otro (de hecho me cogió hasta por el cuello presa de la inmensa furia que le recorría, y mi madre entró en mi cuarto después preguntando qué pasaba). Tuve que sacarle de mi casa y, tonto de mí (de hecho ya era tonto invitar a alguien que renegaba de mi amistad a mi casa, o simplemente dirigirle la palabra educadamente), decidí dar un paseo con él para que se relajara. Craso error... Pues el chaval se dedicó a caminar a mi lado por la calle gritando y farfullando sobre que quería su Charizard de vuelta, con su ataque lanzallamas, la llamarada y toda la pesca... Que mi Blastoise de nivel 100 era una mierda, que era cutre, que bla, bla, bla... Vamos, que el chico se cabreo tanto que la semana siguiente se dedicó a molestarme en clase hasta límites insospechados, ya que me acusaba de haber reiniciado su partida a cero (era lo que pasaba al no existir la crianza Pokémon de la segunda y posteriores generaciones, que si tenías un Charizard difícilmente podías tener también un Charmander, a no ser que recurrieses al intercambio masivo y de ahí montaras tu propio mercado negro de Charmander...)
En fin, lo curioso es que según veía que su Charmander evolucionaba y se convertía de nuevo en su queridísimo amor platónico Charizard, el chaval decidió volverme a tratar bien. Pero eso era tan sólo porque se enteró de lo del estreno de la película Pokémon, la cual (si, lectores, si....) fui a ver con él, ya que quería que le acompañara como fuese... Si, me dejé unos cinco euros en la entrada en unos de esos cines que por entonces había en mi ciudad, y entre gritos de críos y demás, vi la película que... Qué mala era por dios... Además recuerdo perfectamente que a nuestro lado se sentó un tío mucho mayor que nosotros (debería tener unos veintitantos años), que se autoproclamaba un auténtico maestro Pokémon del juego de cartas coleccionables, y que cada dos por tres se dedicaba a atormentar a mi compañero intentando venderle una carta de un Electabuzz que le regalaron con la entrada ("sufre cabrón, sufre...", era lo que yo pensaba hacia mi "compañero", maldecido por el karma en ese momento). En fin, si quereís ver algo más divertido que la película de Pokémon pero sin salirnos para nada del contexto, pinchar justo aquí y luego aquí. Y hacer caso a ese crítico, es un auténtico sabio entre sabios...

La segunda anécdota curiosa era más de lo mismo, relacionada esta vez con los típicos "malotes" del instituto. Si, los que decían ser duros únicamente por fumar y beber alcohol, por estar fuertes (palillos), y fardar de que se acostaban con la mitad de las chicas del instituto en un finde; si, si, esos. Venían hacia mí en los recreos, y yo por no entablar un combate (en la realidad) les acompañaba hasta un lugar en donde no nos viese casi nadie (yo por entonces pensaba que me iban a "atracar", o algo); pero al llegar a dicho lugar me quedaba atónito y un tanto descolocado al ver que sacaban su esplendorosa Game Boy del bolsillo y me retaban a un combate/intercambio cual personaje que te encontrabas en el juego... Y es que era igual, no podía huir, era como si al verme por el patio del instituto una admiración apareciese por encima de sus cabezas y estos me retaran a un inevitable combate del que no podía escapar. Cuando terminaba el combate o intercambio de Pokémon y hablaba con ellos, estos siempre decían lo mismo: "como digas que he estado contigo intercambiando Pokémon te enteras/pillas". Lo típico, vamos, ya que como he dicho más atrás jugar a Pokémon no era algo propio de respetables malotes, ni de gente madura según ellos... Porque claro, un chaval de 13 años ha de ser maduro haciendo cosas como mostrar sus "colosales" y "voluminosos" bíceps, empezar a fumar y a beber tan pronto, decir que se han tirado a muchas chicas (imaginarias), etc... pues la opinión de los demás de su clase es lo más importante y tal... En fin, nótese la ironía...
"Esta imagen resume los últimos párrafos"

Resulta que a diferencia de la gente de mi edad (y digo gente por llamarles de alguna forma) que conocía por aquel entonces, a mi no me importaba ni me importa en la actualidad reconocer que me gusta Pokémon, pienso que es una completa estupidez llamar a alguien inmaduro solo porque juegue a juegos que le entretienen, de la misma forma que llamárselo a aquel que ve películas de Disney destinadas a un público infantil por el mismo motivo. Una cosa es que juzgue al producto como algo que de ningún modo está dirigido a niños cuando en realidad es así, pero que lo reconozca y aún así juegue es otro cantar... De hecho por aquel entonces jugaba tanto al Pokémon como al Resident Evil 2 de la Nintendo 64, pero claro, decir ante un grupo de chavales de 13 años con aspiraciones tan "adultas" que jugabas a Pokémon era como reconocer que eras un completo infantil inmaduro, y que jugabas a Resident Evil 2 era como decir lo cuánto que molabas ya que Resident Evil tenía sangre y demás y eso era "cool" y molón (y lo es)... Ah, y maduro eh. Pero con quien yo era feliz hablando e intercambiando Pokémon, mucho más que con los idiotas de mi clase, era con mi primo, que por aquel entonces tenía cuatro años menos que yo. Vamos, que era un chaval nacido en 1990, y fue un chaval de esa generación de lo que hoy en día es conocida como la generación Pokémon. Hablábamos de Pokémon sin cesar, le dejaba mi preciada guía oficial del juego para luego tenerla de vuelta destrozada, intercambiábamos multitud de Pokémon (de hecho gracias a él conseguí a Mew, el Pokémon secreto del juego, del que las revistas de la época nos mostraban multitud de formas de conseguirlo, todas ellas poco creíbles independientemente de su veridicidad).

El caso es que me resulta raro ver como mucha gente que en su día jugó a Pokémon, hoy en día en sus respectivas carreras universitarias, modulos, etc... Reniegan de ese pasado, como si siempre hubiesen tenido asco o repulsión hacia una saga que tan buenos momentos les dió... ¿Es por que así pretenden ser más "maduros"? ¿O es por que directamente no tienen personalidad? ¿O simplemente la estupidez humana y la involución no conocen límites? En fin, sea lo que sea, el caso es que yo al igual que otros muchos no reniego ni renegaré sobre Pokémon (a no ser que me obliguen a punta de pistola, que lo dudo), ya que sus dos primeras generaciones me dieron grandes y largos momentos de diversión. Primero la edición Azul, y luego ya en 2001 con la edición Oro. En el verano del 2001 ya había dejado de ver el anime (que entre repetición y repetición no sólo en su emisión si no también en sus argumentos ya me tenía frito, aparte de que el cambio de horario de las tardes navideñas del 99 a las mañanas de los Sábados y Domingos del 2000 era algo que no aceptaba); de hecho estaba empezando a distanciarme bastante de Pokémon puesto que la edición Azul me la sabía de pe a pa y ya me aburría, aparte que revistas como Nintendo Acción se habían convertido directamente en revistas Pokémon (y no, no hablo de su complemento solamente si no también de la revista en sí...) Por lo tanto, Pokémon Oro suponía un genial soplo de aire fresco a una franquicia que se estaba saturando sobreexplotándose, incorporando novedades bastante sugerentes, como lo que ya dije antes: que incorporara 100 nuevos Pokémon, la guardería... Y lo que era más importante para mí: que el tiempo avanzase a la par que en la realidad, haciéndose de noche, los días pasaban, etc... Era como vivir una gran aventura en un mundo nuevo primero, para luego volver al mundo en donde se desarrollaba la primera aventura, algo que en su día no me esperaba y que me sorprendió gratamente. He de decir que a esta segunda generación jugué durante poco tiempo, de hecho sólo en aquel verano, pero bien que lo jugué... De hecho conseguí alcanzar un número de horas mayor al que alcancé en la primera generación, que no eran pocas, lo cual demostraba que ese verano había dado de sí mi Game Boy... Para luego olvidarme de ella. Parece que tras ese verano, con la compra de mi primer ordenador de sobremesa, la llegada a Internet a mi hogar, etc... dejé de lado los Pokémon y los videojuegos de Game Boy en general (a excepción del Wario Land 3), para empezar a darle a los emuladores que me permitían jugar a aquellos grandes juegos de recreativa de mi infancia, o a jugar a juegos de Playstation que llevaba tiempo queriendo jugar como el Metal Gear Solid (pero que no jugué en su día porque andaba con los Pokémon...) Luego llegó la PlayStation 2, que hizo que me olvidara más y más de Pokémon...

Aunque eso no quiere decir que los olvidara del todo. Ya para Game Boy Advance salió una tercera generación de Pokémon, pero mi interés fue tal que ni la jugué... Fue hasta hace poco, el año pasado más bien, cuando me dió por volver a pasarme el Pokémon edición Azul, esta vez jugando al remake que salió hace unos años para Game Boy Advance, para luego continuar con el más que notable remake de la edición Oro en Nintendo DS. Además, a finales de año mi novia me regaló el Pokémon edición Platino, que aún no he terminado pero ya tengo un equipo bastante sólido... Me pregunto si algún dia lo terminaré o, mejor aún, si algún día llegaré a tener tantos Pokémon y sobre todo horas de juego como en las ediciones originales. ¡Es posible! Puede que Pokémon haya degenerado bastante, con esos diseños tan extraños de Pokémon y demás elementos para mucha gente negativos... Pero lo que si está claro es que hubiese sido muy triste que una franquicia con tanto potencial como esta se hubiese quedado en la segunda generación ¿no creéis? Lo que no hubiese sido triste es que hubiese finalizado el anime... Porque cielos santo... Tantas veces la misma estructura... ¿Qué sentido u objetivo tiene?
"Frase para ligar: ¿sabías que soy un auténtico maestro Pokémon...?"

Y para terminar, os dejo con una pregunta ¿cómo vivisteis vosotros la fiebre Pokémon, fieles lectores? ¡Comentad sin temor!

3 comentarios:

Kaldrecx dijo...

Pokemon es una saga que sigue estando en muy buena forma. Sobre todo si hablamos de la otra cara de pokemon ... el llamado pokemon competitivo ^^

El Tipo de la Brocha dijo...

Ay, el tema de la madurez durante la adolescencia... Todos ocultándonos una verdad que, sin embargo, compartíamos. Qué pena.

A mí la fiebre Pokémon me pilló más mayor que a ti, pero recuerdo haber jugado al Pokémon Rojo en un emulador cuando salió y haber visto unos cuantos episodios de la serie. El Team Rocket era muy grande.

Roy Ramker dijo...

Cuantos recuerdos con esta entrada :D

A mi Pokémon me pilló de más mayor, iba en 7º u 8º de EGB, por lo que sé muy bien de lo que hablas, NADIE jugaba a Pokémon pero todo el mundo te preguntaba cosas, por supuesto, para sus hermanos pequeños xD Pero lo de los "matones" contigo ya lo supera todo, yo también tenía un Charizard a nivel 100, si me lo hubieran clonado en una mierda de Pidgey de nivel 2 me hubiera dado un síncope de por vida xD

En cuanto al anime pues me decepcionó bastante y lo dejé, no me gustó para nada el camino que tomaron con la serie, podrían haber hecho algo más cercano a los juegos, no hacía falta simplificarlo tanto y repetir los patrones en prácticamente cada capítulo, suerte que de vez en cuando habían batallas en los gimnasios por las medallas, la parte que si me gustó fue el torneo final de la Liga Naranja.