ATENCIÓN, AVISO PARA HISPANOHABLANTES: RECOMIENDO ENCARECIDAMENTE VER LAS PELÍCULAS Y SERIES AQUÍ RESEÑADAS EN VERSIÓN ORIGINAL SUBTITULADA EN ESPAÑOL (V.O.S.E.)

Sobre el autor


Último superviviente de un planeta muy bizarro, el autor de este blog llegó a la Tierra estrellándose en la selva amazónica, en donde fue criado por un grupo de pequeños ositos extraterrestres extraviados. Años después, se integró en la sociedad. Le gustan los bulldogs franceses y los ornitorrincos. Le parecen curiosos. Ah, y un día le dio por escribir un blog. He aquí el resultado.

En fin, chorradas aparte, bienvenidos a Roy D. Mustang Blog, un blog más de origen español en donde se dan cita temas relacionados con videojuegos, comics, series de TV y cine. Vamos, cosas que molan, y tal...

Se supone que ahora tengo que hablar sobre mí; pero lo que haré será hablar sobre mis hobbies y sobre el motivo por el que existe este blog. La verdad es que la cosa viene de lejos, así que lo mejor será que empiece por el principio de los tiempos y le dé al presente texto un tono nostálgico, porque si por algo se caracteriza este blog, es por el tono nostálgico empleado en algunos escritos.

Nací en la capital de España un 10 de Agosto de 1986. Por ende, soy un hijo de los 80. Y sí, sobreviví, como dice la canción. Apenas guardo recuerdos de finales de los 80. No se puede decir lo mismo de principios de los 90, ya que es una época de la que me acuerdo muy bien.

Soy un nostálgico sin remedio. A menudo me suelo retrotraer a la infancia y pienso en lo mucho que me gustaban algunas cosas; cosas como, por ejemplo, Bola de Dragón. Se podría decir que Bola de Dragón fue el desencadenante de mi afición e interés por casi todo lo que salía de Japón, ese país tan lejano como distinto al mío. Esta serie de dibujos animados japoneses no fue la única que me marcó, ya que muchas otras me encantaban; Johnny y sus amigos, City Hunter, Ranma 1/2, Chicho Terremoto...


Por supuesto, los dibujos animados occidentales, más conocidos como dibujos animados de toda la vida, también me gustaban mucho. Dragones y Mazmorras, Las Tortugas Ninja, El Inspector Gadget, Vickie el vikingo, El Pato Darkwing, Patoaventuras... Mis mañanas estaban vacías si no veía alguna de estas series.


Si hablo de dibujos, no me puedo olvidar de películas de animación como las de Disney. Recuerdo con especial nostalgia que la primera vez que fui al cine fue a ver La Bella y la Bestia. Al año siguiente volví a los extintos cines de barrio de mi localidad para ver la que a día de hoy sigue siendo mi película de animación favorita, que no es otra que Aladdín. No falté a una tercera cita en esos cines para ir a ver El Rey León. Muchos meses después de su estreno en cines, estas películas eran puestas a la venta en cintas VHS. Era entonces cuando las veía una y otra vez hasta que, sin darme cuenta, me aprendía los diálogos.


No sólo veía títulos salidos de la factoría Disney. El cine es mi pasión, y ya de pequeño apuntaba maneras viendo una y otra vez Regreso al Futuro, Indiana Jones, Parque Jurásico, Jasón y los argonautas, los Cazafantasmas, King Kong... Al igual que las producciones de Disney, vi tantas veces estas cintas que acabé aprendiéndomelas de memoria. A día de hoy, continúan siendo de mis favoritas.


Sobra decir que mis películas favoritas son las de fantasía en general y las de terror en particular. Creo que esto último queda claro con sólo visitar la sección de películas del blog, en la cual hallaréis un ciclo de cine de cine de terror como no habéis visto otro igual. A todo esto, el terror es un género que me gusta no porque me dé miedo, sino porque me ofrece cosas que otros géneros no. Ahora que, claro, cuando era pequeño, películas como Pesadilla en Elm Street y La noche de los muertos vivientes consiguieron que me tirara varias noches sin dormir, La matanza de Texas me horrorizó, y otras como El diablo sobre ruedas o Tiburón lograron ponerme nervioso como pocas...


Otras películas que me gustaban mucho eran esas producciones de animación japonesa dirigidas a un público adulto. Gracias a Manga Films, distribuidora que por aquel entonces nos traía verdaderas joyas asiáticas en formato VHS, pude ver películas que podrían haber traumado a cualquier niño pequeño. A mí no me traumaron. Al contrario, me fascinaron. Algunas de esas cintas tan bonitas eran Urotsukidoji, en la que veíamos tentáculos y sexo sin pudor; El Puño de la Estrella del Norte, en la que se nos narraba una historia de amor brutal y ultraviolenta; y Dominion Tank Police, cuyo póster, el cual me encantaba, adornaba la entrada del videoclub al que iba.


Si el cine es mi pasión en la actualidad, de crío mi pasión eran los videojuegos. En mi cerebro quedó grabado el momento en el que vi por primera vez la NES con el Super Mario Bros, expuesta en el escaparate de una tienda y en funcionamiento. Fue un momento que me marcó sobremanera.  Eran los tiempos del pixel, de la guerra entre Nintendo y Sega, de las desternillantes aventuras gráficas de LucasArts y de la Game Boy ladrillo. Sin duda, una época irrepetible en la que se sentaron las bases de una industria que todavía sigue ofreciéndome gratas experiencias. Aunque no sea con la misma intensidad, he de añadir. Y es que cuando uno se hace mayor, menos impresionable es.


Si hoy en día lo que triunfa es el modo online y los shooters, por aquel entonces lo que triunfaban eran los salones recreativos, en los que uno se encontraba con una fauna urbana bastante variopinta que se viciaba a juegazos como el Snow Bros, el Final Fight o el mítico Street Fighter II.

De todas formas, había un sitio en el que me sentía mucho mejor que en los salones recreativos, más que nada por lo tranquilo que era y, sobre todo, por el rico olor a bollo que flotaba en el ambiente. El lugar en cuestión era la panadería de al lado de mi casa. Desgraciadamente, cerró hace más de diez años. En ella tenían una recreativa a la que me echaba unos vicios de campeonato con el dinero que me sobraba del pan. Además, solían cambiar los juegos. Nunca tenían el mismo durante más de dos semanas. Casi siempre alternaban el Street Fighter II con el Snow Bros y el Tumble Pop.


En cuanto a juguetes, mis favoritos eran los Lego. Todas las navidades me regalaban uno nuevo. Mi favorito era la mina del Oeste, la cual usaba de escenario para jugar con todos mis muñecos de dinosaurios. También jugaba a los tazos, esas fichas de forma circular con los Tiny Toons dibujados en su superficie que regalaban con las patatas Matutano.


Al contrario que muchos de los que iban a mi clase, yo adoraba la lectura. Aunque suene raro, disfrutaba leyendo libros sobre historia y sobre animales; pero con lo que más gozaba era leyendo comics. Leía todo tipo de comics. Clásicos españoles, como Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape; comics americanos, sobre todo de Marvel y de DC; y manga o cómic japonés.


Me encantaba ir a los kioskos. Siempre solía haber algo interesante. En ellos compraba cada cierto tiempo comics, revistas de videojuegos, cromos, fascículos coleccionables... En fin, se podría decir que el kiosko era un lugar maravilloso para mí.


Con el paso del tiempo mis gustos fueron cambiando. O madurando, según se mire. Al fin y al cabo, los gustos surgen y varían en función de la educación que uno haya recibido, de experiencias presentes y pasadas, etc... Películas que de pequeño no entendía y me aburrían, como Blade Runner o 2001: Una odisea del espacio, pasaron a ser de mis favoritas. Del mismo modo, superhéroes por los que antes no daba ni un duro, como Daredevil, se convirtieron en mis favoritos. Lo mismo me pasaba con las pelis de terror. Films como Halloween o la saga Viernes 13 dejaron de darme miedo. La realidad era mucho más terrorífica.


Creo que ha quedado más o menos claro que de crío tenía unos gustos variados. Bastante variados, de hecho. En la actualidad, sigo teniendo los mismos gustos. Desgraciadamente, muchas de estas aficiones les dejaron de gustar a mis amigos de la infancia, aunque a mí me siguieron gustando. Mientras yo me viciaba a juegos como el por entonces nuevo y revolucionario Super Mario 64 o el asombroso The legend of Zelda: Ocarina of Time, los que habían sido mis amigos desde preescolar preferían hacer otras cosas supuestamente más adultas. De repente renegaban de todo lo que les había fascinado de pequeños; de los videojuegos, de las películas, de los dibujos, etc...

Finalmente, optaron por marginarme y dejarme solo, ya que decían que era un infantil y una persona non grata solamente por tener esas aficiones. Curioso, ¿verdad? Se podría decir que mi adolescencia fue una etapa tan extraña como dura; pero en todo momento tuve bien presente la siguiente frase, la cual mantengo: "prefiero ser yo mismo antes que no serlo para satisfacer al imbécil de turno".

De todas formas, no hay mal que por bien no venga, y con el paso de los años fui conociendo a gente que tuvo una infancia y una adolescencia muy, pero que muy similar a la mía. Gente con la que comparto los mismos hobbies. Gente que nunca había renegado de quiénes eran en realidad, ni, tampoco, de lo que les gustaba y les hacía disfrutar. Gente con personalidad. Gente que, aun con sus más y sus menos, valía la pena. Gente por la que decidí abrir este blog. Para que lo leyesen. Para que lo disfrutasen. Porque sé que no soy el único en el mundo que disfruta con este tipo de aficiones.


Así pues, pónganse cómodos y sean bienvenidos a este blog. Un blog de marcado tono personal que además de incluir comentarios sobre videojuegos, cómics y series de TV, incluye un ciclo de películas clásicas de terror desde los años 20 del siglo XX hasta principios de los 80. Un blog en el que espero que os divirtáis leyendo mis artículos tanto como yo escribiéndolos.